La
Presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, ha finiquitado el
repentinamente envejecido y muy renqueante orden internacional, afirmando, en
la conferencia global de embajadores europeos, que “Europa ya no puede ser
guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y ya no
volverá”.
Ni
siquiera Donald Trump se había atrevido a ser tan explícito en sus
pretensiones. Y tampoco ningún otro mandatario se había mostrado tan dispuesto
a lamerle las botas al comandante en jefe de ese nuevo orden internacional
basado en las amenazas y el uso indiscriminado de la fuerza. Unas botas que,
dicho sea de paso, han pisoteado los más elementales principios del derecho
internacional, con el beneplácito, ahora ya lo sabemos, de la jefa del
Ejecutivo comunitario.
Y,
por si cabía alguna duda sobre su posicionamiento ideológico, y para remachar
su diatriba involucionista, también ha dejado claro que, en su opinión, la
última acción de guerra sin el amparo de las Naciones Unidas protagonizada por
Trump y por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sobre Irán está más
que justificada. “Quiero ser clara: no se debe llorar por el régimen iraní que
ha infligido muerte e impuesto represión a su propio pueblo”.
El
problema es que las 1.200 bombas lanzadas en 24 horas, y todas las que han
caído después, no sólo matan a los ayatolás, sino que acaban con la vida de
cientos de personas cuya liberación sirvió de pretexto a esos señores de la
guerra, pero que, además de su libertad, ahora han perdido para siempre la
posibilidad de decidir su propio futuro.
Con
parecidos argumentos sobre la necesidad de neutralizar a Hamás, en nombre de la
libertad y de la seguridad, y en represalia por el ataque perpetrado el 7 de
octubre de 2023, el ejército israelí ha matado a 75 000 palestinos, y según
datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en
Oriente Próximo, 111.927 han resultado heridos, más del 90 por ciento de los
hogares han sufrido graves daños o han sido destruidos y casi dos millones de
personas han sido desplazadas durante la ofensiva militar y hasta el alto el
fuego.
Ahora
se entienden esas llamadas "a todas las partes" a la máxima
contención, mientras las bombas volaban sobre Teherán quebrando de golpe una
negociación diplomática en marcha. Y también los reproches a Irán por causar la
"devastación y desestabilización en toda la región a través de sus aliados
armados con misiles y drones”.
Es
curioso que algunas bombas tengan el poder de devastar y desestabilizar
regiones enteras y otras no, aunque impacten en una escuela infantil y maten a
165 niñas, a las que, en vez de con un velo, habrá que cubrir con una mortaja.
Y
ante este posicionamiento sólo cabe preguntarse cual va a ser, de ahora en
adelante, el papel de una Unión Europea que ya no quiere ser valedora de un
orden internacional basado en normas, al que da por finiquitado, al tiempo que
pronostica, con una sorprendente naturalidad, el advenimiento de una nueva era
en la que no se contempla ni remotamente la posibilidad de reconsiderar los
postulados sobre los que se construye ese nuevo orden internacional, que ha
venido para instaurarse definitivamente sobre las ruinas del viejo mundo, un
mundo herido por las guerras que otros prebostes defendieron en su día, y que
apela a un orden mucho más antiguo, más injusto y violento, y también mucho más
peligroso.
Este
es el tipo de discurso que yo habría esperado oír de cualquiera de los líderes
de la extrema derecha europea. Lo que no me esperaba era escuchar esas palabras
saliendo de la boca de la Presidenta de la UE. Y es que no se trata de una
claudicación, como la del Primer Ministro británico, Keir Starmer o el
Canciller Alemán, Friedrich Merz, sino de una verdadera declaración de
intenciones, de un alineamiento con los postulados de un régimen que, al otro
lado del Atlántico, se ha convertido en la mayor amenaza para la democracia en
Estados Unidos.
Sólo
el hecho de que tal mensaje no haya provocado la respuesta del Parlamento
Europeo a través de una moción de censura que deponga inmediatamente a su
emisora me provoca la misma vergüenza.
0 comentarios:
Publicar un comentario
Déjanos tu comentario