Desde hace semanas, las
aguas del estanque reflectante del monumento a Lincoln, llamado a ser el
escenario emblemático del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de
Estados Unidos, tienen una coloración impropia de tan extraordinaria
celebración, causada por la proliferación de algas y microorganismos
indeseables que van a impedir que luzca en todo su esplendor. Y todo ello
después de haber invertido 14,2 millones de dólares en una obra que pasará a
los anales como un ejemplo más de las chapuzas protagonizadas por la
administración Trump.
Pero que nadie piense
que las cosas se van a quedar así, porque la fiscal del distrito de Columbia y
expresentadora de televisión, Jeanine Pirro, está decidida a dar un
escarmiento al responsable de la vandalización de tan emblemático espacio
público y ya tiene en el punto de mira al gamberro autor de tal felonía.
Se trata de un
sexagenario al que los Empleados del Servicio de Parques Nacionales
sorprendieron con las manos metidas en el agua del estanque toqueteando el
revestimiento inferior del fondo de la piscina, que había llegado a las
inmediaciones del monumento a Lincoln en una bicicleta, para pasar inadvertido
y, después, poder darse a la fuga sin despertar sospechas.
Además, examinando sus
antecedentes, la policía ha podido saber que se trata de un expiragüista
olímpico que, muy probablemente, estaba resentido con las autoridades por no
dejarle introducir su piragua en el estanque, que en su parte más profunda
alcanza los 76 centímetros de profundidad, para seguir ejercitándose en su
disciplina.
La verdad es que nadie
está libre de este tipo de comportamiento incívico. Ayer, sin ir más lejos, la
administración de fincas de mi comunidad me envió un correo electrónico en el
que se informaba de que la piscina había sido clausurada a causa de una "deposición
accidental" y de que, tan pronto como desapareciese el riesgo para los
bañistas, y la empresa mantenedora de la misma lo considerara oportuno, se
abriría nuevamente al público
Y, ¿ya está? Pues lo
siento, pero yo no creo que podamos limitarnos a cerrar la piscina y poner a
funcionar la depuradora a todo trapo. Hay que depurar también
responsabilidades. Porque, qué es una deposición accidental, si puede saberse.
Nadie depone accidentalmente, salvo que tenga gastroenteritis. Y, en ese caso,
el sentido común y la prudencia más elemental aconseja abstenerse de acudir a
un baño público. Y lo de los niños pequeños ya me lo sé. Qué lo del cagoncete
será un accidente, no digo yo que no. Pero se trata de un accidente que podría
haberse evitado. Y, en este caso, el servicio de prevención no ha funcionado
adecuadamente. Así que los papis de la criatura deberían asumir su
responsabilidad. Y si sobre la espalda encorvada de ese señor de 67 años la
fiscal del distrito de Columbia va a hacer caer todo el peso de la ley,
imputándole un delito de destrucción de propiedad por valor superior a 1.000
dólares, no sé por qué no va a tomar cartas en el asunto de mi comunidad el
ministerio fiscal por un delito contra la salud pública
Que, bien pensado, lo
mío es mucho más grave, salvo que el presidente de Estados Unidos tuviera
planeado darse un baño en la piscina reflectante y ese anciano en lugar de
limitarse a meter las manazas en el agua, hubiera llevado a cabo una deposición
accidental, lo que, como mínimo, podría calificarse como un crimen de lesa
majestad.
Y es que el mundo está
lleno de expiragüistas, expresentadoras de televisión y expresidentes con ganas
de notoriedad, sobre todo si alguien les da la oportunidad de reconvertirse a
ciclistas, fiscales de distrito o de volver a ser presidentes de su país. Por
eso no hay que darle a nadie segundas oportunidades después de fracasar la
primera vez en su tentativa de lo que sea que hayan querido hacer en su vida
pasada, ya sea conseguir una medalla olímpica, ascender hasta lo más alto en
los paneles de audiencia o defecar sobre los derechos de la ciudadanía.
Y por eso espero que la
justicia cumpla con su cometido y este activista no pueda volver a acercarse a
una piscina pública en lo que le queda de vida, después de limpiar de algas los
25 millones y medio de litros de agua del estanque presidencial, ya que le
gusta tanto meter sus manos artríticas en el líquido elemento. Aunque también
podría ayudarse del remo de la piragua, si se compromete a dejar en paz el
revestimiento del estanque.
Y en cuanto a los
autores, directos o indirectos, de la deposición accidental en la piscina de mi
comunidad, sin perjuicio de las responsabilidades penales en que hayan podido
incurrir, propongo que se les prohíba bañarse en playas y espacios públicos en
general hasta que remita la ola de calor (o sea en hasta noviembre) salvo que
España gane el Mundial, en cuyo caso, se les podría conceder un indulto parcial
en lo que se refiere a las fuentes de la ciudad, que tampoco hay que ser tan
estricto y el interés general no deja de ser el interés general.