martes, 8 de septiembre de 2026

Crisis migratoria

 

Estoy harto. Es que no sé pueden hacer peor las cosas. Cómo es posible gestionar tan rematadamente mal una crisis migratoria como la que estamos viviendo en este país, no desde hace un mes, sino desde hace años, sin que este gobierno haya hecho nada por remediarla.

Y es que el año pasado entraron en España 97 millones de extranjeros, que han estado hacinándose en nuestras playas desde entonces, apenas protegidos por unas endebles sombrillas o achicharrándose al sol durante las olas de calor, dejando que los chiringuitos, y también los hoteles de cinco estrellas, se hiciesen cargo de ellos, en unas condiciones cada vez más penosas.

Vamos a ver, que yo soy el primero que se apiada de esos seres humanos, porque lo son, arrastrando sus pertenencias por las calles de Sevilla en pleno mes de agosto en unas Trolleys con ruedas a punto de que les dé un parraque. Pero luego, intento entrar en un bar o en una cafetería y no hay ni un huequito en la barra en el que pueda apoyar el codo, y si trato de reservar en un restaurante, o tengo que comer antes de las doce y media de la mañana o me dicen que tienen una mesa libre en la terraza a partir de las cuatro y cuarto, pero que tengo que comer en quince minutos porque, a partir de esa hora, empieza el primer turno de la cena. Y, entonces, se me acaba la solidaridad y me entran unas ganas terribles de darles caza uno por uno y de tirarlos al río, a ver si así se les pasa el sofoco. Y también de pegarles con un palo a los camareros que los atienden, a ver si así se vuelven por donde han venido.

Luego, está lo de la vivienda, que parece que no tiene nada que ver, pero si. Pues resulta que, por ejemplo, en Benidorm, Marbella o Torrevieja, el esfuerzo financiero necesario para adquirir una vivienda nueva supera el 80% de la renta media, cosa que se atribuye principalmente al peso que tiene el comprador internacional (o sea, a la inmigración), y que el mensaje más habitual en internet, al buscar piso, es el de “Solo para alquiler vacacional” o “Desplazados/Profesores: alquiler de septiembre a junio”. Así que los trabajadores no encuentran casa, con lo cual no sé quién va a dar de comer y de beber a esas criaturas, teniendo en cuenta los sueldos que se pagan en un sector tan precario como la hostelería. Pues si, lo siento mucho, pero me he vuelto un firme defensor de la prioridad nacional.

Si es que hasta los funcionarios, después de haber superado una oposición, están renunciando a sus puestos de trabajo porque, con el sueldo que les paga la administración, tampoco pueden hacer frente a un alquiler y, mucho menos, comprarse una vivienda. Algunos han tenido que irse a dormir a la playa (que está llena de inmigrantes). De hecho, hay una encuesta por ahí que calcula que casi un tercio de los trabajadores públicos han declinado un ascenso o una plaza por los precios de la vivienda. Y, de un tiempo a esta parte, proliferan las noticias de profesionales sanitarios que, en zonas altamente tensionadas por el turismo, se ven obligados a dormir en coches, furgonetas y autocaravanas. Pues, si señor, a esto yo le llamo deterioro de los servicios públicos causado por la migración incontrolada. Que muy pronto nuestros hijos, en vez de un profesor de carne y hueso, van a tener que dar las clases por videollamada o recurrir a un asistente de IA, que no sé qué es peor. Y todo ello con el beneplácito de los presidentes de las Comunidades Autónomas que se dan puñetazos por reubicar a esos inmigrantes en el territorio respectivo. De locos.

Y encontrar un piso se ha convertido en una misión imposible para los estudiantes universitarios que pretenden cursar sus estudios en ciudades como Madrid o Barcelona. Pues, lo del material escolar va a tener que esperar, porque las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (AMPAS) están encargando "Antes que los libros, un spray de gas pimienta", para defenderse de esta horda invasora y, de paso, solucionar cualquier problema de acoso escolar o hacer frente de los abusos del profesorado sin necesidad de pedir tutorías o elevar las quejas a la inspección educativa, que vaya pérdida de tiempo. Aunque si el profesor es Gemini, pues igual no hace tanta falta.

Pero lo peor de todo es la inaceptable vulneración de la soberanía que supone esta colonización consentida por el gobierno, que es incapaz de mostrar una posición de firmeza frente a nuestros supuestos aliados, que por su parte han demostrado ser muy poco fiables, abriendo de par en par sus fronteras para que sus nacionales viajen a España sin restricciones de ninguna clase, que se nos ha llenado esto de borrachos, homosexuales y portadores de hantavirus, coronavirus y quien sabe cuántos virus más.

Estoy deseando que alguien convoque una manifestación para mostrar su apoyo a los marbellíes, torrevejenses, benidormenses, o a los ibicencos. Pero, mientras tanto, en mi estado de WhatsApp voy a poner una bandera de España y otra de Rojales, cuya población extranjera, entre ingleses y alemanes, representa el 72 por ciento del total, la inmensa mayoría de los cuales imagino que no tiene voluntad alguna de trabajar en España y tampoco sabe ni pedir un café en castellano, y luego hablaran de integración.

Pues, sabes qué, que va a tener razón Donald Trump, somos “un país con cero control de su frontera” y que “Lo que está ocurriendo allí (aquí) es muy triste de ver. Miles (quería decir millones, pero no quiso hacer sangre, que Dios le bendiga) de personas irrumpiendo en masa en su (nuestro) país. Nunca he visto nada igual.” Yo tampoco, la verdad.

jueves, 6 de agosto de 2026

Testeando la testosterona

 

He leído en la prensa que el Secretario de Guerra (antes conocido como de Defensa) de los Estados Unidos, Peter Brian Hegseth, ha anunciado que, como parte de “un nuevo programa de detección de deficiencia”, se va a someter obligatoriamente a los soldados estadounidenses mayores de 30 años a un análisis anual para testar sus niveles de testosterona, dado que, como todo el mundo sabe (y también Pete Hegseth, que, seguramente, empieza a peinar alguna cana a sus 46 añitos), los niveles de dicha hormona descienden de forma sintomática con la edad.

Todo ello con objeto de garantizar que los soldados norteamericanos “cuenten con los niveles adecuados de esta hormona para estar al máximo de sus capacidades”. Y, para ello, estos análisis podrán completarse, opcionalmente, con un tratamiento de “reemplazo de testosterona”.

Pero no es solo Pete, también el secretario de Salud (al que podríamos rebautizar como de enfermedades y dolencias, para seguir llamando a las cosas por su nombre), Robert F. Kennedy Jr., ha patrocinado recientemente, a sus 72 añazos, la idea de inyectarse testosterona, ante lo que considera un problema de decadencia generacional, que afecta a los muchachos de hoy en día, a pesar de que recurrir a inyecciones de esta hormona se ha extendido mucho últimamente en los gimnasios.

No obstante, según la Asociación Estadounidense de Urología (otra vez la medicina dando lecciones sobre medicina) parece ser, que niveles bajos de testosterona pueden estar asociados a problemas de estrés o a otras dolencias como la diabetes, la osteoporosis o la depresión (y otras mariconadas). Además de que, antes de empezar a recetar inyecciones de testosterona a diestro y siniestro, convendría analizar otros factores relacionados con el estilo de vida, como la falta de sueño, el consumo de alcohol, el peso o la incidencia de los medicamentos que ya se estén tomando.

Y, para colmo, dicen por ahí que su consumo puede provocar infertilidad y la formación de coágulos sanguíneos, además de acné y caída del pelo, y, entre los efectos psicológicos, cambios de humor, comportamiento agresivo e irritabilidad.

Lo que no ha dicho el Secretario de la Guerra es que piensa hacer con las 231.000 mujeres que forman parte del ejército de Estados Unidos, dado que aplicarles la misma receta equivaldría a patrocinar un tratamiento hormonal transgénero en el mismísimo ejército estadounidense, y hasta ahí podíamos llegar. Aunque, según el propio jefe del Pentágono, en ese ejército, que debe estar compuesto por verdaderos “guerreros” y no por meros "defensores", las mujeres que quieran encontrar su sitio tendrán que alcanzar los “máximos” estándares masculinos para desempeñarse en puestos de combate.

Pues bien, parece que para ser un buen soldado, ya no digo para ser un auténtico guerrero, no hay que ser particularmente espabilado, ni tener una visión estratégica, o tan siquiera sentido de la orientación, ni mucho menos dotes de negociación o capacidad para empatizar con la población civil (que se empieza empatizando con civiles y se termina confraternizando con el enemigo). No señor, aquí de lo que se trata es de estar a tope de power, con los niveles de testosterona por las nubes y la masa muscular a punto de reventar por las costuras el uniforme reglamentario. Porque, como bien ha dicho Pete, "Luchamos para ganar", "sin reglas de enfrentamiento estúpidas, sin atolladeros de construcción nacional, sin guerras políticamente correctas" (y todo ese montón de mierda que son las normas de derecho internacional humanitario).

Así, no es de extrañar que a un mando militar acostumbrado al consumo de anabolizantes se le fuera la olla y decidiera bombardear una escuela de niñas en Minab, aunque Peter se apresuró a decir que Estados Unidos "nunca ataca objetivos civiles", lo que podría dar a entender que la escuela era considerada un objetivo militar, dado que según él, Irán tiene la mala costumbre de lanzar misiles desde escuelas y hospitales.

Y también será por parecidas razones que la Armada de Estados Unidos decidió mandar al fondo del océano Índico una fragata iraní que se encontraba a 2.000 millas de la zona de conflicto, en flagrante vulneración del Segundo Convenio de Ginebra, o dar orden de matar a los sobrevivientes de un ataque realizado contra una embarcación sospechosa de transportar drogas en el mar Caribe, en la primera de una serie de operaciones contra presuntos narcotraficantes.

No me quiero imaginar a esos muchachotes, recién superado el test de testosterona o después de haber completado su tratamiento de remplazo, repeliendo un ataque híbrido en la playa de El Tarajal. Seguramente, estaríamos completando un recuento de miles de muertos, en lugar de algunas decenas. Pero supongo que es lo que sucede cuando el Ministerio de Defensa se convierte en el Ministerio de la Guerra y, en vez de soldados, te dedicas a reclutar guerreros para defender la soberanía nacional.

Ahora voy entendiendo el modelo de soldado-guerrero que viene patrocinando el Secretario de la Guerra estadounidense. Se trataría de una especie de espartano, al estilo de la hueste de los trescientos que comandaba Leónidas en el estrecho de las Termópilas, de piel broncínea y pectorales de acero, pero con la cara llena de granos supurando al sol de Tesalia y de un humor de perros provocado por una alopecia prematura, que, preguntados por su oficio, responderían al unísono con un indistinguible "¡Auh!”, mientras se inyectaban la última dosis de esteroides, a la espera de enfrentarse, no a un ejército persa de 250.000 hombres, sino a un grupito escolar de niñitas de entre siete y doce años en un día lectivo cualquiera a la hora del recreo. O disparando sus torpedos, al otro lado del mundo y desde la seguridad de la sala de máquinas de un submarino, contra una fragata que viniera de participar en unos ejercicios navales conjuntos, junto con otros 74 países, entre los que se encontraría también Estados Unidos, y que se creyera a salvo en aguas internacionales, para proporcionar a sus 140 tripulantes una "Muerte silenciosa”. ¡Auh!

viernes, 17 de julio de 2026

Todos los hombres del expresidente

 

Parecería un chiste, y no una radiografía del cerebro de alguno, si no fuera porque el comentario en cuestión fue realizado por el expresidente del gobierno de la nación, Mariano Rajoy, en un artículo publicado en un periódico digital, la víspera del partido de semifinales del Mundial entre las selecciones de Francia y España.

La selección francesa de fútbol es un equipo formidable pero, eso sí, sin franceses.

Habría faltado rematar la faena al día siguiente, después de que Francia quedara eliminada, diciendo que en realidad la selección de este país no se habría quedado fuera del campeonato esa tarde porque, dado el escaso número de franceses de pura cepa en el combinado nacional, en realidad Francia, como tal, no habría llegado a competir.

De hecho, en algún momento, en enfrentamientos anteriores entre ambas selecciones, podría haber habido más franceses en el equipo español que en la selección francesa. Y si no, ahí están Aymeric Laporte y Robin Le Normand para demostrarlo.

Por eso, en lugar de afirmar que la selección de Marruecos era la Francia B del campeonato, dado que hasta seis jugadores del plantel marroquí habrían nacido en Francia, yo creo que, hablando con propiedad, y desde el punto de vista de nuestro inefable expediente, Francia debería ser, por méritos propios, la vigente campeona de la Copa Africana de Naciones.

Y lo malo no es eso, sino que nosotros parece que vamos por el mismo camino. Y me resulta muy triste, la verdad. Porque si todos esos jugadores foráneos compitieran en los equipos de las naciones desde las que emigraron sus ancestros, representando, por ejemplo, a Guinea-Bisáu, Mali, Camerún, Costa de Marfil o la República Democrática del Congo, habría mucha más paridad y seguramente esa abrumadora superioridad europea quedaría en entredicho. Y la cenicienta del Mundial no sería Cabo Verde, sino Francia, con Lucas Digne, Adrien Rabiot y otros nueve jóvenes tataranietos de otros franceses de piel nivea nacidos en la Provenza, Occitania o Normandía tratando de contener a un ejército de Mbappés, Dembélés y Olises, capaces de expresarse perfectamente en la lengua de Molière, amantes del Camembert y, a lo mejor, también del vino de Burdeos, y por añadidura dotados de unas cualidades excepcionales para jugar al fútbol.

Pero bueno, los jerarcas de las naciones del mundo desarrollado siempre podrían poner las cosas en su sitio, llamando por teléfono al presidente de la FIFA y planteándole la posibilidad de reconsiderar las decisiones del trío arbitral, tomadas impulsivamente en el fragor de esa batalla desigual, o ayudando al Árbitro Asistente de Vídeo (más conocido por sus siglas en inglés, VAR) a revisar goles, penaltis, tarjetas rojas directas y confusiones en la identidad de jugadores, mediante un asistente de inteligencia artificial generativa que reconstruyera las jugadas polémicas en función de las circunstancias del caso concreto y del estado de ánimo de la hinchada presente en el estadio, que no tendría porqué ser mayoritariamente de una nación, también desarrollada, en particular.

Ayer mismo leía otra columna, publicada en el mismo medio digital, en la que un articulista, después de elogiar las indiscutibles virtudes deportivas de Lamine Yamal (cuando alguien empieza lanzándote elogios de altísimo nivel, prepárate para lo peor) mostraba su indignación por el nulo afecto, a su juicio , que el futbolista mostraba por la camiseta de la selección española y le afeaba que en las botas con que disputa el Mundial se hubiera grabado las banderas de los países de origen de sus padres, la marroquí y la guineana, pero no la española (parece que el color se la camiseta, a nuestro hombre, no le parece bastante).

Y aunque, después de hacer un sumario repaso de su biografía, entendía que, careciendo de estudios y siendo hijo de un pintor de brocha gorda y de una camarera de cadenas de comida rápida, no tuviera "los modales de un joven gentleman de Eton", también decía estar cansado de que el chaval anduviera por ahí dando ruedas de prensa con actitud de perdonavidas por haber elegido a nuestro país para competir y no, por ejemplo, la selección marroquí o, ya puestos, la guineana.

Y, para terminar, después de ponerle, entre otros ejemplos de integración, a la escocesa Mary Anne McLeod, para los que no lo sepáis, la madre del actual presidente de Estados Unidos (hay que joderse), le animaba a irse "con la música a otra parte".

A propósito de esto, me acuerdo de lo indignados que andaban algunos madridistas cuando no le dieron el balón de oro a Vinicius Jr., en favor de Rodri, un madrileño de pura cepa. Y es que todos los hinchas de los equipos de fútbol de las ligas "nacionales" se sienten muy orgullosos de los jugadores extranjeros que militan en sus equipos porque les pagan a cambio cantidades obscenas de dinero. Ni siquiera les exigen que demuestren su afecto por el escudo, mientras rindan en el campo. Todos los escrúpulos surgen cuando se trata de la selección nacional. 

Y también es curioso como entienden algunos eso de la integración. Un esfuerzo colectivo que han de hacer solamente los que vienen de fuera, aunque sea una vez restablecidos de singladuras en embarcaciones abarrotadas a riesgo de naufragar al menor golpe de mar, después de sobrevivir a rutas extenuantes por el desierto, a mafias sin escrúpulos y traficantes de personas, al hambre, a la sed y la fatiga extrema, y también a la desconfianza, el miedo y la hostilidad de los nacionales de los países de "acogida".

Hasta donde yo sé, que, salvando la distancia insalvable, también he sido un residente en tierra extraña, la integración es un camino de ida y vuelta. No se trata solo de que tú trates de asimilar una cultura, unas tradiciones y una idiosincrasia que no son las tuyas, sino también de que quienes te rodean te hagan fácil el camino de la integración, ofreciéndote su hospitalidad o, al menos, dándote la oportunidad de mostrar tus cualidades.

Y, en ese recorrido, eres tú el que se deja algo en el camino, familia, amigos, infancia, a veces media vida. Pero, aun así, la mayoría encuentra la manera de adaptarse, gracias también, hay que reconocerlo, a quienes no te esperaban, pero te acogieron o, al menos, te dieron una oportunidad sin juzgarte de antemano. Qué alguien que procede de tan lejos, elija a tu país para competir debiera ser motivo de orgullo y de agradecimiento. Y que se grabe en las zapatillas las banderas de sus padres es lo de menos. Seguramente ese gesto no se le reprocharía a "uno de los nuestros" que compitiera bajo la bandera de otra nación. Solo diríamos que es un traidor.

domingo, 5 de julio de 2026

Deposición accidental

 

Desde hace semanas, las aguas del estanque reflectante del monumento a Lincoln, llamado a ser el escenario emblemático del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, tienen una coloración impropia de tan extraordinaria celebración, causada por la proliferación de algas y microorganismos indeseables que van a impedir que luzca en todo su esplendor. Y todo ello después de haber invertido 14,2 millones de dólares en una obra que pasará a los anales como un ejemplo más de las chapuzas protagonizadas por la administración Trump.

Pero que nadie piense que las cosas se van a quedar así, porque la fiscal del distrito de Columbia y expresentadora de televisión, Jeanine Pirro, está decidida a dar un escarmiento al responsable de la vandalización de tan emblemático espacio público y ya tiene en el punto de mira al gamberro autor de tal felonía.

Se trata de un sexagenario al que los Empleados del Servicio de Parques Nacionales sorprendieron con las manos metidas en el agua del estanque toqueteando el revestimiento inferior del fondo de la piscina, que había llegado a las inmediaciones del monumento a Lincoln en una bicicleta, para pasar inadvertido y, después, poder darse a la fuga sin despertar sospechas.

Además, examinando sus antecedentes, la policía ha podido saber que se trata de un expiragüista olímpico que, muy probablemente, estaba resentido con las autoridades por no dejarle introducir su piragua en el estanque, que en su parte más profunda alcanza los 76 centímetros de profundidad, para seguir ejercitándose en su disciplina.

La verdad es que nadie está libre de este tipo de comportamiento incívico. Ayer, sin ir más lejos, la administración de fincas de mi comunidad me envió un correo electrónico en el que se informaba de que la piscina había sido clausurada a causa de una "deposición accidental" y de que, tan pronto como desapareciese el riesgo para los bañistas, y la empresa mantenedora de la misma lo considerara oportuno, se abriría nuevamente al público 

Y, ¿ya está? Pues lo siento, pero yo no creo que podamos limitarnos a cerrar la piscina y poner a funcionar la depuradora a todo trapo. Hay que depurar también responsabilidades. Porque, qué es una deposición accidental, si puede saberse. Nadie depone accidentalmente, salvo que tenga gastroenteritis. Y, en ese caso, el sentido común y la prudencia más elemental aconseja abstenerse de acudir a un baño público. Y lo de los niños pequeños ya me lo sé. Qué lo del cagoncete será un accidente, no digo yo que no. Pero se trata de un accidente que podría haberse evitado. Y, en este caso, el servicio de prevención no ha funcionado adecuadamente. Así que los papis de la criatura deberían asumir su responsabilidad. Y si sobre la espalda encorvada de ese señor de 67 años la fiscal del distrito de Columbia va a hacer caer todo el peso de la ley, imputándole un delito de destrucción de propiedad por valor superior a 1.000 dólares, no sé por qué no va a tomar cartas en el asunto de mi comunidad el ministerio fiscal por un delito contra la salud pública

Que, bien pensado, lo mío es mucho más grave, salvo que el presidente de Estados Unidos tuviera planeado darse un baño en la piscina reflectante y ese anciano en lugar de limitarse a meter las manazas en el agua, hubiera llevado a cabo una deposición accidental, lo que, como mínimo, podría calificarse como un crimen de lesa majestad.

Y es que el mundo está lleno de expiragüistas, expresentadoras de televisión y expresidentes con ganas de notoriedad, sobre todo si alguien les da la oportunidad de reconvertirse a ciclistas, fiscales de distrito o de volver a ser presidentes de su país. Por eso no hay que darle a nadie segundas oportunidades después de fracasar la primera vez en su tentativa de lo que sea que hayan querido hacer en su vida pasada, ya sea conseguir una medalla olímpica, ascender hasta lo más alto en los paneles de audiencia o defecar sobre los derechos de la ciudadanía.

Y por eso espero que la justicia cumpla con su cometido y este activista no pueda volver a acercarse a una piscina pública en lo que le queda de vida, después de limpiar de algas los 25 millones y medio de litros de agua del estanque presidencial, ya que le gusta tanto meter sus manos artríticas en el líquido elemento. Aunque también podría ayudarse del remo de la piragua, si se compromete a dejar en paz el revestimiento del estanque. 

Y en cuanto a los autores, directos o indirectos, de la deposición accidental en la piscina de mi comunidad, sin perjuicio de las responsabilidades penales en que hayan podido incurrir, propongo que se les prohíba bañarse en playas y espacios públicos destinados al baño en general hasta que remita la ola de calor (o sea hasta noviembre) salvo que España gane el Mundial, en cuyo caso, se les podría conceder un indulto parcial en lo que se refiere a las fuentes de la ciudad, que tampoco hay que ser tan estricto y el interés general no deja de ser el interés general.

viernes, 26 de junio de 2026

Polillote

 

Estas últimas semanas nuestra casa ha sido invadida por las polillas, de forma que, podemos estar viendo la tele tranquilamente después de cenar o puedo estar yo cepillándome los dientes, con el pijama puesto, antes de irme a la cama, cuando un grito pavoroso precedido por un revoloteo torpe alrededor de la lámpara hace saltar todas las alarmas y me obliga a lanzar el cepillo de dientes por los aires y salir corriendo con la boca llena de espuma en dirección al frente de batalla, roto por una incursión aérea que ha hecho huir a mis tropas de manera desordenada y que, víctimas del estrés postraumático, son incapaces de señalar con una mínima precisión la ubicación actual del enemigo.

Mis valerosos soldados, para otras cosas que no tengan que ver con mariposas nocturnas y criaturas aladas en general emparentadas con la familia de los insectos, han acuñado un término para nombrar a estos lepidópteros de hábitos crepusculares con el que se refieren a ellos sottovoce, en una mezcla de respeto y pavor mal disimulado ante la posibilidad de que, pronunciado en voz alta tenga el efecto de una invocación: polillote.

Así que, con motivo del primer avistamiento, al grito de "polillote", abandonan precipitadamente su posición, aún a riesgo de dejar atrás a algún compañero que después de tropezar, pueda yacer de bruces contra el suelo, y corren a refugiarse en la habitación del pánico, cerrando la puerta tras de si y negándose a salir de su escondite hasta que cesa el ruido de las sirenas y el temido zumbido ha desaparecido por completo.

Pero el otro día estaba en el juzgado, esperando para entrar en sala, cuando un whatsapp me anunció lo que todos llevábamos temiendo desde que empezaron las incursiones. Una polilla de aspecto espeluznante, odiosa apariencia y con unas alas desproporcionadamente grandes, había entrado por la ventana en algún momento de la noche y se había atrincherado en el cuarto de baño del pasillo, atacando por sorpresa a mis dos hijas, mientras trataban de quitarse las legañas, con la visión comprometida a causa de la miopía y sin gafas de protección ni tiempo para protegerse la cara con una triste mascarilla.

Ante la imposibilidad de desplazarme hasta el lugar de los hechos, y la escasa predisposición de la tropa para llevar a cabo una misión de castigo con objeto de recuperar el terreno perdido durante la noche, sólo pude disponer que el cuarto de baño quedase clausurado hasta nueva orden y la soldadesca fuera a hacer sus abluciones al otro excusado, eso sí, asegurándose previamente de que no había sido tomado también por el enemigo.

La cuestión es que, cuando llegué a casa eran las dos de la tarde y no había ni rastro de la polilla. Así que decidí posponer el operativo, con grandes protestas por parte de los reclutas que querían recuperar sus pertrechos a toda costa, abandonados y a merced del invasor a causa del desorden en campaña ocasionado por una mariposa poco agraciada, una de esas criaturitas pardas a las que con todo cariño se refería Gerald Durrell en su familia y otros animales y que tan poca simpatía despiertan en la mía.

Afortunadamente, una hora más tarde llegaron tropas de refresco, y el otro contingente desplazado también esa mañana fuera del hogar familiar solicitó permiso para hacer una incursión con gas venenoso, a lo que accedí a pesar de que andamos algo escasos de insecticida y es posible que, a lo largo del verano, tengamos que bregar con invasores de mayor calibre.

El resultado: dos polillas abatidas en pleno vuelo, aunque nuevamente con dificultades para localizar los cuerpos, que daban sus últimos estertores entre los envases del champú, el suavizante y el gel de baño.

Aunque hubo que cortar el tránsito de vehículos y personas por el pasillo y abrir algunas ventanas para ventilar la zona de combate, debido a la acumulación de gases y su potencial peligrosidad para nuestras tropas y la consiguiente posibilidad de que alguno de los nuestros enfermase víctima del fuego amigo. Supongo que es el precio a pagar por usar armas químicas prohibidas por sus efectos devastadores sobre la cadena trófica y el proceso de transferencia de sustancias nutritivas a través de las diferentes especies de la comunidad biológica

Finalmente, la ingrata tarea de localizar a los enemigos heridos en combate y ahora agonizantes y, visto que cualquier intento de mantenerlos con vida habría resultado inútil, poner fin a su agonía, corrió de mi cuenta, haciendo uso de mi arma reglamentaria, con un zapatillazo de gracia. Los cadáveres espachurrados fueron retirados del campo de batalla y conducidos al cubo de la basura sin mayores ceremonias, para evitar que cualquier intento de recuperar los cuerpos nos depare más sobresaltos de los necesarios y que se reproduzcan las escenas de pánico que se han vuelto recurrentes desde que se iniciaron las hostilidades.

jueves, 18 de junio de 2026

España 0 - Cabo Verde 67

¡Qué decepción! Cuatro años esperando para ver el debut de la selección española de fútbol en un nuevo mundial y no hemos sido capaces de marcarle un gol a Cabo Verde. Si señores, han oído bien, no a Uruguay, Suiza o Nigeria, sino a Cabo Verde, la selección que ocupa el puesto número 67 en el ranking de la FIFA. La cenicienta del campeonato, junto a Curazao, que ha tenido la decencia de dejarse aplastar por Alemania por 7 a 1. 

Pero no todo son malas noticias, a Alemania le metieron un gol, mientras nosotros hemos conseguido mantener la portería a cero. Así que veremos quién ríe el último, si Curazao o Cabo Verde.

Además, es que estos equipos se cierran atrás, con dos líneas de defensores separadas por medio metro, en lugar de jugar al ataque y dejarse masacrar por equipos como el nuestro. Y nos obligan a tocar y tocar hasta completar 6.500 pases con un noventa y nueve por ciento de acierto y una posesión cercana al doscientos por cien, mientras ellos se limitan a contemplar nuestra abrumadora superioridad. Si el partido llega a durar diez minutos más, seguro que alguno de los nueve defensas se queda dormido y podemos meter un balón en el área. O, a lo mejor, se duerme el portero y, entonces, ganamos, no siete a uno, sino diecisiete a cero.

Ahora en serio, no entiendo a esa nutrida legión de periodistas y comentaristas indignadísimos, poniendo a caer de un burro al seleccionador, a los jugadores titulares, a los suplentes y hasta a la madre que parió al masajista. Cómo si esto fuera la primera vez que nos pasa. ¿Soy yo el único que ha visto un descalabro mundialista de nuestra selección? A veces los equipos están en estado de gracia y, otras veces, te tiras noventa minutos esperando que pase algo. Lo malo es que, a veces, lo que termina pasando te pasa a ti. No quiero ni pensar en la posibilidad de que Cabo Verde hubiese marcado un gol, cosa que podría haber sucedido con el partido a punto de terminar. Seguramente, a estas horas el pellejo de Luis de la Fuente colgaría de un hasta ondeando al viento junto a la enseña nacional.

Yo creo que la culpa la tienen los descansos de refrigeración. Para una ventaja que teníamos los países meridionales y ahora hay que parar para que los nórdicos beban agua y no se deshidraten. Claro que prescindir de ellos con Arabia Saudí nos iba a servir de poco, que esa gente está acostumbrada a las altas temperaturas y seguro que pone nueve defensas delante de la portería y deja que corramos nosotros de izquierda a derecha y de derecha a izquierda hasta que nos dé un golpe de calor.

¿Cuándo aprenderemos que lo importante es participar, competir y hacer disfrutar a los aficionados?, que se lo merecen todo. Y estoy seguro de que muchos el otro día disfrutaron de lo lindo, como todos esos que sólo tienen espacio en su corazón para un equipo y estaban muy cabreados porque en la selección no había ninguno de los jugadores de su equipo del alma. O los que están deseando que eliminen a una selección española plagada de gente que no representa los valores patrios, con apellidos foráneos y con un seleccionador que se pasa por el forro eso de la prioridad nacional.

Claro que no sé si no es peor ver a la comunidad caboverdiana dando saltos por las calles de Burela, en lugar de celebrar el empate en la intimidad de sus pisos patera o abstenerse de celebrar en absoluto que su modesta selección nacional haya dejado en ridículo al país que les da de comer.

            Qué le vamos a hacer. A lo mejor este es nuestro sino: no ser capaces de demostrar que somos mejores que los que han llegado a competir con nosotros en inferioridad de condiciones y dejarnos avasallar por los que, tradicionalmente, nos han mirado por encima del hombro. 

viernes, 29 de mayo de 2026

Zapatero a tus zapatos

 

La cosa no pinta nada bien. Y es que hay autos judiciales que hacen que se le atragante el desayuno a cualquiera. Madre mía, con lo que ha sido este hombre y, de golpe y porrazo, el padre de la alianza de civilizaciones se convierte en el primer presidente imputado de la historia de la democracia en España.

Y mira que, cuando lo vi, delante de un seto imagino que en el jardín de su casa, proclamando su inocencia y ofreciéndose a colaborar con la justicia con gesto compungido, pensé que todo esto había sido un error. Porque, si a mí me imputasen un delito de la gravedad de los que se le imputan al expresidente, en lo último que yo pensaría sería en colaborar con la justicia, dado que la única manera que se me ocurre de colaborar es declarándome culpable. Y eso creo que es incompatible con defender tu inocencia.

Luego, me dio por pensar que no sabía lo que hacía cuando hizo lo que quiera que hiciese. Y que cree honestamente en su inocencia porque solo ha ofrecido su experiencia acumulada por haber ejercido las más altas responsabilidades gubernamentales como expresidente del gobierno. De hecho, como consejero nato con carácter vitalicio del Consejo de Estado habría hecho eso mismo y le habrían aflojado 119.778,17 euros al año, que no está mal (a lo que debe sumarse secretaria, coche oficial y chófer). Pero está claro que la privada paga mejor que la pública, y por eso José María Aznar aceptó el cargo en 2005 y renunció al año siguiente, Felipe González ni siquiera llegó a tomar posesión y Zapatero ocupó el puesto tres años y se marchó después.

Pero si, no hace tanto tiempo, este hombre, siendo Presidente del Gobierno, no sabía lo que costaba un café en la calle y habría necesitado por lo menos dos tardes para aprender los rudimentos más elementales de la economía del país. Seguro que no tenía ni idea de lo que era el tráfico de influencias. Las multas de tráfico, el tráfico de drogas, todavía, pero el tráfico de influencias, seguro que no. Es que, por más que me esfuerzo, no me lo imagino creando una sociedad opaca en Emiratos Árabes.

Si ya lo dijo Felipe González, un expresidente del gobierno es como un jarrón chino, es muy valioso pero nadie sabe dónde ponerlo. Pero, a lo mejor, tampoco hace falta. Porque, por lo visto, algunos jarrones saben muy bien dónde tienen que colocarse para ejercer su influencia sin que nadie les busque un sitio, ni en el Consejo de Estado ni en ningún otro lugar.

Pues si, alguien tendría que dedicar un par de tardes a explicarles a los presidentes del gobierno, antes de que pasen a ser miembros vitalicios del Consejo de Estado, unas nociones básicas de ética o, por lo menos, de estética. Más que nada para evitar el bochorno de verse uno en los medios ofreciéndose desde el jardín de su casa a colaborar con la justicia.

Porque lo que no me cuesta tanto trabajo imaginar es a un juez de instrucción analizando movimientos contables, transferencias internacionales, mensajerías varias y sofisticadas ingenierías societarias y viendo como los hechos van encajando en un tipo penal determinado o en varios, como en un tetris endiablado.

Pero aquí, como en todas partes, hay gente más espabilada que otra. Y es posible que haya habido más de un expresidente, que se yo, ejerciendo su influencia u ofreciéndose a protagonizar conductas susceptibles de generar directa o indirectamente un beneficio económico para sí o para un tercero.

Así que, visto lo visto, sólo se me ocurre una solución a este galimatías de influencias postpresidenciales: la irrenunciabilidad del puesto de consejero nato del Consejo de Estado. De forma que, al día siguiente de ser investido el nuevo presidente, el saliente sea conducido por la fuerza pública a la sede de este órgano consultivo para tomar posesión de su nuevo puesto y empezar, de forma inmediata, a prestar servicios a la nación o, lo que vendría a ser lo mismo, a realizar trabajos en beneficio de la comunidad, no sólo aportando toda su experiencia al frente del ejecutivo, sino garantizando, de esta manera (dado el severo régimen de incompatibilidades que imposibilitó, por ejemplo, que José María Aznar pudiese ser consejero de la empresa de medios de Rupert Murdoch y a la vez consejero de Estado), que no va a prestar servicios a particulares con intereses susceptibles de entrar en conflicto con los del común de la ciudadanía.

Y si quieren renunciar a su retribución, porque con este honor y lo que cobran como expresidentes (74.580 euros) se dan por retribuidos, pues no hay inconveniente, pero, en todo caso, nada de secretaria, coche oficial ni chófer, que la amistad entre Ábalos y Koldo se fraguó en la carretera y ya sabemos cómo terminó todo aquello.

jueves, 14 de mayo de 2026

Ridículo presidencial

 

Es preferible que lo tachen a uno de corrupto, de autócrata, de vendepatrias, que hacer el ridículo. De lo primero puede uno recuperarse, a base de tesón y/o propaganda, pero lo segundo te acompañará de por vida, te convierte en un meme que se propagará eternamente por las redes sociales, hace de ti un payaso del que, propios y extraños, se reirán durante generaciones y, con un poco de suerte, generará un latiguillo llamado a repetirse por los siglos de los siglos, del tipo "marcarse un Clavijo, un Ayuso o un Pérez".

Y es que no puede uno irse de visita a un narcoestado y pretender que su vida no corra peligro. Porque, si un narcoestado es un país donde las organizaciones ilegales que producen, transportan o venden drogas controlan las instituciones legítimas mediante la fuerza, el soborno o el chantaje, la vida de cualquiera, ya no sólo la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, estaría en peligro en cuanto bajase por la escalerilla del avión.

Y, claro, al final no te queda más remedio que denunciar el "abandono de un representante del Estado, como es un presidente autonómico, a su suerte, en un país sumido en la violencia”, donde le “podría haber ocurrido cualquier cosa, en cualquier sitio”. 

Es como si yo me voy mañana a la Riviera Maya, me sienta mal un mojito o un tiburón me arranca de cuajo el dedo meñique de mi pie izquierdo, y me quejo porque las autoridades españolas me han dejado a merced de un sistema sanitario dominado por la premisa de la prioridad narconacional. Pues haberte quedado en Isla Cristina, que lo peor que te puede pasar, en relación con el narcotráfico, es que te atropelle una narcolancha.

Por otro lado, lo del presidente de la Comunidad de Canarias merece un capítulo aparte. Se declara una emergencia sanitaria a bordo de un crucero de lujo y la Organización Mundial de la Salud pide ayuda a España, desplegando un dispositivo sin precedentes para la evacuación del pasaje, que se lleva a cabo en cuestión de horas. Pero, en el impás, el presidente autonómico hace saltar todas las alarmas, se niega a que el crucero fondeé en las costas de Canarias ante el riesgo evidente de que las islas sean invadidas por un ejército de roedores capaces de propagar con sus heces el virus entre los humanos canarios y, para reforzar su discurso, envía a la Ministra de Sanidad un pantallazo de una búsqueda realizada con ayuda de un asistente de inteligencia artificial en el que aparece subrayada una frase lapidaria “Las ratas son excelentes nadadoras”.

Los técnicos del ministerio contestan elaborando un informe que señala que el reservorio natural del virus de los Andes no son las ratas, sino el ratón colilargo patagónico, que no nada. Pero, aun así, Clavijo anunció que él no autorizaría el fondeo. Y, con el operativo de evacuación prácticamente concluido, todavía se remite a una circular del Ministerio del Interior que reconoce que el hantavirus se transmite por la saliva, orina o heces de "roedores" y que, aunque dice que no es esperable que este roedor en particular pudiera colonizar nuestro territorio, ojo, "no lo descarta”.

Lo que no ha aclarado el presidente canario es qué alternativa se le ocurre al fondeo en aguas del archipiélago, como no sea dejar al MV Hondius a la deriva en alta mar hasta que el pasaje y la tripulación al completo pasen la cuarentena sin síntomas o, alternativamente, mueran víctimas de una insuficiencia respiratoria y/o una diarrea hemorrágica y, entonces, enviarlos al fondo del mar con un torpedo bien dirigido a la línea de flotación, eso sí, después de haber desratizado la embarcación.

Y el tercer presidente en liza para conquistar el primer puesto del ranking de la ridiculez es, como no podía ser de otra manera, el ínclito presidente del Real Madrid, el club más laureado de la historia, bajo cuya presidencia se han ganado siete Champions y siete Ligas, pero, como el propio presidente ha matizado, tendría que haber ganado 14, aunque las otras siete se las habrían robado.

Pero no fue este su único alarde en el transcurso de una rueda de prensa convocada por sorpresa al final de una temporada que se salda con otro título liguero presuntamente birlado con malas artes y una eliminación prematura del resto de competiciones en las que el club ha participado.

También presumió de que su empresa es líder mundial en infraestructuras y tiene 170.000 empleados y factura 50.000 millones al año y de gozar, a sus 79 años, de una salud de hierro que le permitirá perpetuarse al frente de ese club de fútbol por toda la eternidad y ganar otras siete Champions y otros catorce títulos de liga.

Además, está en condiciones de avalar su candidatura con su patrimonio personal, sin pedirle a nadie que lo financie (¿qué serán para Florentino 187 millones de euros? Pues eso, calderilla). Y, si alguien quiere disputarle las elecciones, adelante, que él le estará esperando con los brazos y la chequera abiertos, pero que no pida más tiempo para presentar una candidatura alternativa, vaya a ser que dé la sorpresa y termine desbancando al mejor presidente de la historia del Real Madrid.

Y todavía tuvo tiempo de afear el comportamiento de los malos (periodistas) que se dedican a criticar el club que preside porque son todos unos “antimadridistas desde pequeñitos”. No como los futbolistas de la plantilla que son unos “chavales fenomenales y muy buenos” que de vez en cuando se pelean, pero como “lo han hecho todas las temporadas” (¿?) “como se pelean los jóvenes”, “se dan una patada… se la devuelven”, pero eso no significa que la situación del club sea caótica ni que la violencia se haya instalado en el vestuario. No como lo ha hecho la violencia gratuita que los medios practican a diario con el Real Madrid.

Y es que "el Madrid es lo más grande que hay en el mundo", así que, para abandonarlo, no dudó en afirmar: “Me tendrán que echar a tiros”. Pues no sé, presidente, pero, por si acaso, no vaya a viajar este verano para ver el campeonato del mundo, que el Mundial de este año se disputará también en México, y ya se sabe que es un país “sumido en la violencia”, tal como la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid ha tenido ocasión de experimentar en sus propias carnes.

viernes, 8 de mayo de 2026

Las botas de la felicidad

 

Sucedió hace unos meses, era invierno y estuvo lloviendo muchos días seguidos. Lorena se había encaprichado de unas botas altas. Llevaba detrás de ellas varias semanas. No quedaban de su número y hubo que encargarlas y, luego, ir a buscarlas a la tienda. Finalmente, las botas llegaron a la sección de zapatería de El Corte Inglés en una aparatosa caja de cartón cerrada de mala manera con cinta de embalar, que tenía dentro otra caja más pequeña y, en su interior, las deseadas botas, que se veían lustrosas, como si alguien las hubiera estado cepillando a conciencia, con su medio tacón y un bonito dibujo pespunteado en la caña. Eran cómodas, incluso confortables, ligeras como las pisadas de un elfo en la nieve y lucían preciosas. Así que, después de probárselas, su ilusionada nueva propietaria las devolvió a su envoltorio, aplazando para la ocasión adecuada el momento de estrenarlas, y dejó la caja de zapatos dentro de la aparatosa caja con aspecto de embalaje capaz de albergar cualquier otra cosa, como una lavadora u otro electrodoméstico de línea blanca, que se quedó medio abierta en mitad de su cuarto, con la cinta de embalar despegada atrapando insectos, estorbando el paso y dificultando la limpieza, añadiendo un elemento disonante a un cuarto que, a veces, se parece enormemente al probador de una tienda de ropa antes de que alguna empleada diligente se dedique a perchar y poner en su sitio blusas, faldas y pantalones.

Y, pasaron los días y llegó la noche propicia para estrenar el nuevo calzado y combinarlo con un outfit cuidadosamente elegido para la ocasión. Es posible que incluso pasase una semana, en el transcurso de la cual la caja desapareció de su emplazamiento accidental sin que nadie se percatase de ello, hasta que llegó el momento de sacar las botas de su humilde envoltorio, que ya no estaba a la vista. Y es que, en algún momento, un eficiente empleado de la limpieza, considerando erróneamente que el embalaje había cumplido su cometido y aprovechando que bajaba la basura orgánica, depositó en el contenedor de cartón la caja y, con ella, sin ser consciente de las consecuencias que está imprudente decisión traería consigo, también su contenido. Hasta que fue interrogado sobre su proceder en los días previos y, en particular, sobre su eventual responsabilidad en la desaparición de una caja de cartón de gran tamaño y su paradero; por lo que no tuvo más remedio que confesar que, llevado por una diligencia que podría considerarse encomiable a la par que imprudente, había arrojado el envase y su ignorado contenido a un contenedor de papel.

Las cataratas del Niágara quedarían en evidencia ante la cascada de lágrimas que provocó tal revelación, aunque el rostro compungido del empleado de la limpieza también resultaba desolador, según el relato de algunos testigos presenciales, en cuya cabeza empezaba a vislumbrar, con toda probabilidad, la posibilidad de un despido fulminante.

Fue entonces cuando, temiendo por las consecuencias de su atolondrado proceder, no dudo ni un momento en salir en busca del contenedor de papel, levantar la tapa y, con grave riesgo para su integridad y sin sopesar ni por un instante las consecuencias para su sistema inmunitario de exponerse a los efluvios de lo que no dejaba de ser un contenedor de basura, introducir su cuerpo en el mismo, para, después de bucear un rato entre cartones que la lluvia había reblandecido y vuelto resbaladizos, rescatar la caja en cuestión y, después de verificar que su contenido permanecía intacto, no sin esfuerzo y con desprecio de los indeseables efectos sobre su ropa del lamentable estado de limpieza del contenedor, emerger a la superficie y respirar, con una mezcla de alivio y exultante satisfacción, el aire fresco de una noche que amenazaba tormenta, pero a cuyo cielo súbitamente despejado se asomaban las primeras estrellas.

Y así aconteció que nuestro esforzado hombre de la limpieza volvió a su casa sucio pero alegre y cantarín como un deshollinador que hubiera encontrado un inesperado tesoro en el tiro de la última chimenea que le tocaba desembozar, al que, después de una fatigosa jornada laboral aguardaban todavía una ducha caliente y la eterna gratitud de una princesa descalza, que finalmente pudo estrenar sus botas de la felicidad en perfecto estado de revista, pese a haber pasado al menos un par de noches entre cajas de pizza oliendo a pepperoni, cartones de huevos pisoteados de pegajosa apariencia, catálogos de tiendas ofertando productos de diversa índole y al menos una revista de moda entre la húmeda ondulación de cuyas páginas a todo color la felicidad camina sobre unas botas de caña alta.

domingo, 3 de mayo de 2026

Teletransportación

 

Me he enterado de que el director de la Oficina de Respuesta y Recuperación de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA), un tal Gregg Phillips, afirma que, al menos en dos ocasiones, habría experimentado un fenómeno de teletransportación, siendo trasladado instantáneamente decenas de kilómetros, sin que pudiera explicar cómo había sido llevado a su nuevo emplazamiento.

La primera vez, estaba hablando por teléfono cuando, de repente, apareció en una zanja junto a una iglesia bautista en un pequeño pueblo, a unos 65 kilómetros de donde se había iniciado la conversación telefónica.

Y, en su segundo viaje, se encontraba charlando tranquilamente con unos amigos, cuando comentó su intención de visitar un establecimiento de comida rápida. Y, en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba en un restaurante de Georgia, a unos 80 kilómetros de distancia.

Pero, por lo visto, la experiencia no le resultó nada agradable. Y es que Dios le da superpoderes a quien no sabe apreciar su utilidad.

Ya me gustaría a mí que, expresando en voz alta mi deseo de comer en un restaurante, alguien tuviera la gentileza de depositarme cuidadosamente en una mesa perfectamente dispuesta para la ocasión, sin tener que reservar ni hacer cola en la puerta para conseguir que me atiendan. Y, encima, en otra ciudad, sin preocuparme del desplazamiento ni perder un minuto en planificar el viaje. Es lo más parecido que he visto en mi vida al bolsillo de Doraemon.

No obstante, parece que al señor Phillips esta posibilidad de viajar en el espacio a velocidad sideral no le hace ninguna gracia. Será porque no puede llevarse con él a sus amigos, que sin duda pensaran que prefiere irse de viaje a comer solo por ahí antes que pagar otra ronda. Y seguro que, si, en aquella otra ocasión, estaba hablado con su mujer por teléfono, le costó mucho trabajo convencerla de que no sabía a qué hora iba a volver a casa porque se había caído en una zanja en un pueblo a 65 kilómetros de su lugar de residencia.

Me imagino la respuesta de su mujer: ¿Qué dices Gregorio? ¿No te habrás teletransportado otra vez? ¿Al lado de una iglesia? Y yo voy y me lo creo, seguro que estás en un restaurante dándote un banquetazo con tus amigotes, bueno, o sin ellos, que siempre se me olvida que solo tú puedas teletransportarte. Y ¿dónde está esa iglesia? si puede saberse. ¿En Wichita? Ya. Llevó meses diciéndote que quiero visitar a mí tía de Kansas. Y ahora vas y te teletransportas tú sólo. Pues quiero que vayas a ver a mi tía Dorothy y le des muchos recuerdos de mi parte, que ella también podía teletransportarte por los aires, pero con ayuda de un tornado. Y de paso saludas al hombre de hojalata, que hace mucho que no lo veo.

Recuerdo un episodio de Frasier en el que este y su hermano Niles deciden hacer campaña a favor de un candidato progresista al Congreso. Y cómo el doctor Krane descubre que este cree haber sido abducido por una nave extraterrestre, revelando accidentalmente esta información a los medios de comunicación, lo que termina arruinando su candidatura.

Sin embargo, Gregg Phillips ha sido designado por Donald Trump como encargado de coordinar a los equipos que dan respuesta en situaciones de emergencia en Estados Unidos. Así que me imagino a su equipo de trabajo estudiando la manera de teletransportar a las víctimas al hospital más cercano mientras el mundo se desmorona a su alrededor y animándoles a que traten de visualizar un quirófano mientras alguien trata al mismo tiempo de hacerles un torniquete para evitar que mueran desangrados.

Y supongo que ahora los astronautas del Artemis III, además de pasar horas en un centrifugador de entrenamiento, también aprovechan, mientras dan vueltas y más vueltas, para cerrar los ojos y apretar los párpados con fuerza pensando en la cara oculta de la Luna, ahora que saben que aspecto tiene. Y es que nos podemos ahorrar un dineral si conseguimos que los viajes espaciales se hagan en un abrir y cerrar de ojos. Y con un mínimo riesgo, como quien se plantea irse a comer a un McDonald's Trump, en el Mar de la Tranquilidad, y ¡alehop!, aterriza en Marte, en ese o en cualquier otro establecimiento de comida rápida que vaya a abrir Elon Musk en el Planeta Rojo.

Y hasta que se abran los primeros restaurantes, pues podemos ir explorando zanjas y cráteres por todo el Sistema Solar y eso que vamos adelantado.

viernes, 17 de abril de 2026

Losers

 

La presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, después de que el PSOE perdiera las elecciones en Extremadura, dijo el otro día que el presidente del gobierno era un loser "Como decimos en Madrid". Cosa que yo ignoraba, como tampoco sé en qué momento empezaron en Madrid a usar esa palabra, o su traducción al español, perdedor.

A mí, personalmente, me gusta más la expresión fracasado. Pero, he de reconocer que no la escucho muy a menudo últimamente, mientras que la otra, loser, parece estar en boca de todo el mundo (al menos en la capital), y más ahora que Trump parece haberla puesto de moda.

Porque ser un fracasado equivale, no a perder un partido de fútbol o unas elecciones, sino a no haber triunfado en la vida. Lo que, en nuestra cultura, te hace más digno de lástima que merecedor del desprecio de tus semejantes.

Sin embargo, la expresión loser, en la cultura anglosajona, es una expresión cargada de desprecio. Y supone, para el que es calificado como tal, un estigma, que le convierte en un deshecho social, un inútil, un parásito e, incluso, en un resentido.

En nuestro país un fracasado es alguien que lo intentó y no pudo conseguirlo, que contando con el viento a favor o teniendo posibilidades, las dejo escapar. Es el 'kafkiano perdedor' al que cantaba Gabinete Caligari. Mientras que, en Estados Unidos, un perdedor es cualquiera que no haya conseguido sobresalir por encima de los demás, al margen de su origen, de su historia personal y de las circunstancias que le hayan acompañado en la vida.

Así, un mendigo es un perdedor, pero un obrero o un oficinista también pueden serlo. Y, en general, cualquiera que no haya logrado hacerse rico, con independencia de los métodos más o menos ortodoxos que haya utilizado para enriquecerse, o, también, alguien que necesite un sistema público de salud para que le asista en caso de enfermedad o accidente, o que lleva a sus hijos a un colegio público, o vive de alquiler o no puede viajar al extranjero o lo hace solo de forma esporádica.

Yo mismo, no me considero un fracasado, pero sin duda soy un loser de manual.

Pero, si hasta Bruce Springsteen es considerado por Trump como un 'completo perdedor', y eso que su fortuna se calcula que ronda los 1.200 millones de dólares, que se dice pronto. Aunque, para Trump, cualquiera que cuestiones sus métodos, más propios de un hombre de negocios sin escrúpulos o de un mafioso que de un gobernante democrático, es un loser.

En todo caso, creo que la elección del término no es casual, porque de lo que se trata no es de valorar o minusvalorar los méritos de una persona, sino de desacreditarla ante los demás. Porque a un perdedor se le puede mirar por encima del hombro, no merece la misma consideración que los prohombres que si que han triunfado en la vida y que, por eso, gozan del éxito, de una posición económica desahogada y de la consideración de los demás. Y, por eso, su opinión, sus juicios de valor, los del loser, y sus preferencias están bajo sospecha. No defiende valores universales ni invoca la justicia en abstracto. Lo que quiere es salir del agujero inmundo en el que está metido, pero por su falta de aptitud, por su indolencia y su ausencia de compromiso. Porque la culpa de lo que le pasa es solo suya y solo puede justificarse presentándose a si mismo como una víctima. Así que si, cuanto diga en voz alta está bajo sospecha y, muy probablemente, es fruto del resentimiento. No quiere una parte del pastel. Lo que realmente ansía es ver a los poderosos caerse de sus pedestales, para poder patearlos cuando estén en el suelo.

Y no digo yo que, entre nosotros, no exista gente que no haya aprovechado las oportunidades que tenía al alcance de la mano. Hay toda una generación que se ha criado con la nariz pegada a una pantalla y que va a tener muy difícil hacer algo con sus vidas cuando haya que pagar la conexión wifi para poder seguir viendo videos de tik tok. Pero, curiosamente, esa estirpe de perdedores es la que resulta más fácil de manipular por aquellos triunfadores que llaman losers a los que les llevan la contraria y se ponen a sí mismos como ejemplo de trayectoria exitosa y del modo correcto de hacer las cosas. Será porque es más fácil dejarse impresionar por los que nunca tuvieron que esforzarse y, aún así, manejan fortunas inmensas y viven en áticos en el centro de sus ciudades, aunque también prefieran no compartir nada con nadie, que por aquellos que prometen repartir miseria entre los desarrapados e incluso invitan a otros miserables a unirse a la fiesta de los intocables, en la que nadie querría tener que participar si pudiera evitarlo.

martes, 7 de abril de 2026

Artemis 2 - Gestión de Residuos 0

 

No sé vosotros, pero yo estoy emocionadísimo con el programa Artemis y el viaje de la cápsula Orión, después de más de cincuenta años de la última misión tripulada a la Luna. Y me parece increíble que hayamos tardado tanto tiempo en volver a visitar ese satélite sin vida ni atmósfera, con una orografía interesantísima hecha a base de formidables colisiones de asteroides de todos los tamaños a lo largo de un periplo de millones de años. Pero, por fin, alguien se ha dado cuenta de la necesidad de hacer nuevas fotografías para saber si algo ha cambiado en el Mar de la Tranquilidad en el último medio siglo o comprobar que todo sigue igual y poder quedarnos tranquilos antes de que los chinos planten allí una bandera y se hagan una foto con sus caras amarillas sonriendo a la luz del sol.

Además, se han establecido un montón de nuevos hitos en la historia de la humanidad, como, por ejemplo, la mayor distancia de la Tierra a la que un ser humano ha estado jamás. Nada menos que 6.000 kilómetros más lejos que la última vez. El anterior récord lo ostentaba la tripulación del Apolo 13, pero no cuenta porque fue debido a un fallo técnico.

Y tampoco una mujer había estado nunca tan lejos de su casa, salvo en su imaginación. Y hemos puesto a un afroamericano en el espacio, lo que abre infinitas posibilidades de cara a la deportación de inmigrantes irregulares en el futuro. Y otro miembro de la tripulación es canadiense y, por primera vez, no estadounidense. Aunque esto importa poco porque Canadá podría convertirse muy pronto, por las buenas o por las malas, en el 51 estado de la Unión.

Y estos seres humanos afroameric@nocan@dienses y pioneros de la exploración del espacio profundo han visto la luna como si fuera una pelota de baloncesto y no como un guisante diminuto, que es como la habíamos visto el resto de los mortales hasta ahora. Y, además, han podido ser testigos de un eclipse total en primera fila que habría durado, ojo al dato, cuarenta minutos, en el transcurso de los cuales perdieron toda comunicación con la Tierra; lo que pone de manifiesto la enorme preparación de este equipo humano. La mayoría de nosotros no podría estar ni quince minutos sin mirar el móvil, y tan solo para obtener a cambio una visión inédita de la cara oculta de la Luna que, ahora lo sabemos con certeza, se parece extraordinariamente a la cara visible.

“Aprovechamos esta oportunidad para retar a la generación actual y a las futuras para que este récord de distancia no tarde mucho en batirse de nuevo”, ha dicho el astronauta canadiense. Y estoy convencido de que así será porque, tal como está ahora mismo el tema de la vivienda y con la cantidad de suelo urbanizable que hay en Marte, van a tener que triplicar el número de transbordadores espaciales y establecer una lista de espera.

He leído en la prensa que uno de los instantes más emotivos que se ha podido vivir a bordo de la nave Orión ha coincidido con el momento en que sus intrépidos tripulantes han bautizado dos nuevos cráteres, “otro hito alucinante” que nos permitirá en un futuro próximo diferenciar esos dos agujeros de cualesquiera otros que se hayan hecho antes o se puedan hacer después.

Pero, como en toda expedición legendaria que merezca llamarse así, también ha habido malos momentos, como cuando se produjo un problema de control con el retrete de la nave Orion, que es el primero con puerta que viaja en una misión tripulada a la Luna. Un nuevo sistema concebido para Artemis que pretendía ofrecer una experiencia más cómoda y práctica a los astronautas, conocido como Sistema Universal de Gestión de Residuos, y que consiste en un inodoro de diseño especial cuya compuerta está en el piso, junto a la escotilla de ingreso a la nave.

Por lo visto, algún ingeniero de la NASA habría cometido un terrible error en el diseño del inodoro que tal vez, en el peor de los casos, podría provocar que las deposiciones de la tripulación terminaran desparramándose por el interior del módulo lunar, flotando a su alrededor, impidiéndoles disfrutar del eclipse en toda su dimensión cósmica y provocando una “caminata espacial no programada”, llamada a convertirse en otro momento estelar, particularmente emotivo e incluso en un hito alucinante y maloliente al mismo tiempo.

domingo, 5 de abril de 2026

El final de las especies

 

He leído que el ser humano tiene la prodigiosa capacidad de alterar el proceso natural de evolución de algunas especies, propiciando incluso la aparición de nuevos especímenes. Algo que se ha demostrado sobre todo en el ámbito de la agricultura y la ganadería. El maíz, el trigo o la cebada serían buenos ejemplos de ello.

No obstante, nuestra interacción con el medio natural produce también, de vez en cuando y no tan de vez en cuando, efectos indeseados. Por ejemplo, cuando modificamos un ecosistema que, una vez alterado, puede no ser el más saludable para la especie humana, pero al mismo tiempo puede convertirse en un hábitat idóneo para otras criaturas, en cuyo proceso evolutivo también influimos de forma indirecta y sin ser conscientes de ello. Es el caso de los mosquitos o las cucarachas, que ya no necesitan vivir en un clima tropical ni alimentarse del néctar de las flores porque nuestros sistemas de calefacción o el sabor dulce de nuestra sangre suplen con creces la ausencia de flores silvestres y mantienen artificialmente una temperatura muy agradable todo el año.

Y esto puede hacer que los efectos del cambio climático y la subida generalizada de las temperaturas, además de traernos muy pronto otras especies con las que probablemente habríamos preferido no tener que convivir, hagan que empiecen a proliferar a nuestro alrededor, con su secuela de enfermedades para las que nuestro sistema inmunitario está muy poco o nada preparado y, además, influyan en el proceso evolutivo de animales y plantas, que, para adaptarse a un nuevo entorno cambiante, no opten por emigrar, buscando una temperatura menos elevada. Y ello aunque la posibilidad de emigrar sea la primera opción. De hecho, se ha documentado la migración incluso de algunas especies vegetales, cuyo proceso de floración se está viendo afectado por la subida de las temperaturas. Y también se habla del lento desplazamiento de algunas especies de árboles, que cada vez crecen en zonas más elevadas, ascendiendo por las laderas de las montañas a medida que el bosque se ve acechado por unas condiciones climáticas que redundan en perjuicio de su desarrollo natural.

La cuestión es que, al margen de la huida generalizada provocada por la irrupción del homo sapiens en cualquier ecosistema, una vez instalados, y cada vez que tratamos de hacer nuestra vida más fácil, excavando una red de alcantarillas o construyendo un rascacielos, en lugar de atraer mariposas de colores brillantes y conseguir que proliferen las flores exóticas y los pájaros de plumajes coloridos, lo único que conseguimos que se nos acerque es una variada gama de parásitos que se alimenta de nuestra sangre o medra entre la basura y los desperdicios. Es como si la naturaleza se apartase de nosotros, de forma que nuestro caminar va dejando a su paso un terreno baldío, en el que los únicos seres vivos que no huyen para ponerse a salvo son los que pueden medrar a nuestra costa.

Probablemente, las ratas colonizan las ciudades porque somos incapaces de consumir todo lo que producimos y terminamos generando una cantidad enorme de residuos que las criaturas a las que hemos usurpado su medio natural han venido a reclamar y necesitan para no perecer en un entorno extraño, pero que a algunas les ofrece una nueva oportunidad para la supervivencia. Pero la cuestión es que nuestra codicia unida a la comodenería que nos caracteriza genera efectos adversos e incide en el proceso evolutivo, pero no para crear ejemplares mejores, sino para hacer proliferar las alimañas, parásitos y especies invasoras, y, de paso, nos hace más débiles y vulnerables. Porque ese infructuoso intento de eliminar todo lo que nos incomoda también nos está transformando a nosotros y amenaza nuestra supervivencia como especie. Las bacterias resistentes a los antibióticos son sólo un ejemplo, pero no el único, aunque tal vez el más amenazante.

La proliferación de enfermedades, epidemias y pandemias, con todas sus secuelas, son una consecuencia del arrinconamiento de la vida salvaje, que se defiende a su manera y, de vez en cuando, nos golpea con la misma rudeza con la que los seres humanos hemos colonizado y expoliado la naturaleza durante siglos de manera concienzuda. 

Es como si algún dios tenebroso nos hubiera obsequiado con la dudosa virtud de estropear todo lo que tocamos, consiguiendo convertir en un estercolero cochambroso cualquier Jardín del Edén que se nos ponga a tiro, en un tiempo récord y sin más ayuda que la de nuestra propia insensata búsqueda de la comodidad y el placer inmediato, sin pararnos a considerar, ni por un momento, las previsibles consecuencias de nuestros actos atolondrados.

Me gustan como al que más las duchas de agua caliente, la alta velocidad y las hamburguesas. Pero de vez en cuando me pregunto si realmente necesitamos que el aire acondicionado refrigere de forma instantánea el habitáculo de nuestro coche en cuanto empieza a subir la temperatura, y que las casas en las que vivimos tengan siempre la temperatura ideal para no notar que ha llegado el invierno; si realmente es tan urgente llegar a todas partes en el menor tiempo posible y al coste que sea necesario; y si la sobreabundancia de bienes de consumo no nos ha convertido en unos seres dependientes que han transformado en necesidades lo que, hasta hace poco, no eran más que caprichos.

Recorrer el camino inverso requiere renunciar a un modo de vida que se ha revelado inviable a medio y largo plazo, pero me temo que esa renuncia nadie va a planteársela en serio hasta que las primeras manifestaciones del colapso de nuestra civilización sean imposibles de ignorar y amenacen con convertirnos en una anomalía catastrófica en la historia de la evolución.

jueves, 12 de marzo de 2026

Da usted mucha vergüenza

 

La Presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, ha finiquitado el repentinamente envejecido y muy renqueante orden internacional, afirmando, en la conferencia global de embajadores europeos, que “Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y ya no volverá”.

Ni siquiera Donald Trump se había atrevido a ser tan explícito en sus pretensiones. Y tampoco ningún otro mandatario se había mostrado tan dispuesto a lamerle las botas al comandante en jefe de ese nuevo orden internacional basado en las amenazas y el uso indiscriminado de la fuerza. Unas botas que, dicho sea de paso, han pisoteado los más elementales principios del derecho internacional, con el beneplácito, ahora ya lo sabemos, de la jefa del Ejecutivo comunitario.

Y, por si cabía alguna duda sobre su posicionamiento ideológico, y para remachar su diatriba involucionista, también ha dejado claro que, en su opinión, la última acción de guerra sin el amparo de las Naciones Unidas protagonizada por Trump y por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sobre Irán está más que justificada. “Quiero ser clara: no se debe llorar por el régimen iraní que ha infligido muerte e impuesto represión a su propio pueblo”.

El problema es que las 1.200 bombas lanzadas en 24 horas, y todas las que han caído después, no sólo matan a los ayatolás, sino que acaban con la vida de cientos de personas cuya liberación sirvió de pretexto a esos señores de la guerra, pero que, además de su libertad, ahora han perdido para siempre la posibilidad de decidir su propio futuro.

Con parecidos argumentos sobre la necesidad de neutralizar a Hamás, en nombre de la libertad y de la seguridad, y en represalia por el ataque perpetrado el 7 de octubre de 2023, el ejército israelí ha matado a 75 000 palestinos, y según datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, 111.927 han resultado heridos, más del 90 por ciento de los hogares han sufrido graves daños o han sido destruidos y casi dos millones de personas han sido desplazadas durante la ofensiva militar y hasta el alto el fuego. 

Ahora se entienden esas llamadas "a todas las partes" a la máxima contención, mientras las bombas volaban sobre Teherán quebrando de golpe una negociación diplomática en marcha. Y también los reproches a Irán por causar la "devastación y desestabilización en toda la región a través de sus aliados armados con misiles y drones”.

Es curioso que algunas bombas tengan el poder de devastar y desestabilizar regiones enteras y otras no, aunque impacten en una escuela infantil y maten a 165 niñas, a las que, en vez de con un velo, habrá que cubrir con una mortaja.

Y ante este posicionamiento sólo cabe preguntarse cual va a ser, de ahora en adelante, el papel de una Unión Europea que ya no quiere ser valedora de un orden internacional basado en normas, al que da por finiquitado, al tiempo que pronostica, con una sorprendente naturalidad, el advenimiento de una nueva era en la que no se contempla ni remotamente la posibilidad de reconsiderar los postulados sobre los que se construye ese nuevo orden internacional, que ha venido para instaurarse definitivamente sobre las ruinas del viejo mundo, un mundo herido por las guerras que otros prebostes defendieron en su día, y que apela a un orden mucho más antiguo, más injusto y violento, y también mucho más peligroso.

Este es el tipo de discurso que yo habría esperado oír de cualquiera de los líderes de la extrema derecha europea. Lo que no me esperaba era escuchar esas palabras saliendo de la boca de la Presidenta de la UE. Y es que no se trata de una claudicación, como la del Primer Ministro británico, Keir Starmer o el Canciller Alemán, Friedrich Merz, sino de una verdadera declaración de intenciones, de un alineamiento con los postulados de un régimen que, al otro lado del Atlántico, se ha convertido en la mayor amenaza para la democracia en Estados Unidos.

Sólo el hecho de que tal mensaje no haya provocado la respuesta del Parlamento Europeo a través de una moción de censura que deponga inmediatamente a su emisora me provoca la misma vergüenza.

domingo, 1 de marzo de 2026

Un atajo de rufianes

 

El fin de semana pasado hubo una convocatoria que llamaba a concentrarse en plazas y lugares céntricos de varias ciudades españolas a los integrantes de una subcultura marginal, conocidos como therians, cuyos miembros se identifican con alguna especie animal.

Por lo que he podido leer, el término proviene del inglés therianthropy, que a su vez deriva del griego antiguo therion (bestia o animal salvaje) y ánthropos (humano), y se refiere a la capacidad de transformarse en animal, en el sentido de experimentar una conexión espiritual con un animal determinado.

Y, por lo visto, la convocatoria ha sido un rotundo fracaso, básicamente, por dos motivos. Primero, porque los therians son una tribu muy minoritaria. Y, en segundo lugar, porque, además, debían de estar amedrentados ante las foribundas manifestaciones de los haters de turno, una turba violenta mucho más numerosa que considera que lo mejor que se puede hacer con estos frikis es forrarlos a hostias y mandarlos a hacer la mili, a ver si así se le quitan las tonterías a esa pandilla de anormales.

Aun así, algún que otro adolescente despistado aterrizó por el lugar de la convocatoria con su máscara y su cola de zorro o de gato, circunstancia que aprovecharon los miembros de esa otra subcultura urbana conocida como la jauría humana para ensañarse con ellos, hostigándolos y grabándolos con sus teléfonos móviles. Así que, a lo mejor, hay más gente que se identifica a nivel espiritual con las bestias y los animales salvajes de lo que parecía inicialmente.

Supongo que, como dice Edith Bruck, deportada a Auschwitz con trece años y superviviente del Holocausto, el mal está dentro de nosotros. Sólo hace falta que surja la oportunidad para que se manifieste.

En el patio de los colegios, en los institutos, en las empresas, en los partidos políticos, en las redes sociales, todos los días alguien es hostigado por alguno o algunos de estos sujetos, que se aprovechan de su superioridad numérica o jerárquica para burlarse, menospreciar, humillar o someter a otros. No hace falta ser peligroso o potencialmente dañino, basta con ser diferente, raro, una nota disonante, un verso libre, para ser merecedor del mayor de los desprecios. Luego ya decidiremos porque el que es diferente o piensa diferente es peligroso y hay que considerarlo un enemigo, combatirlo, apartarlo, deportarlo, darle de hostias.

El mundo en el que vivimos parece haberse transformado en el patio de un instituto, en el que el matón de turno se pasea pavoneándose delante de sus acólitos. Sólo hay que leer los mensajes y lisonjas del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, dirigidos al presidente de los Estados Unidos. O, más recientemente, la alocución de la Presidenta de la Comunidad de Madrid en Mar-a-Lago, lugar de residencia del mandatario norteamericano, calificando a Estados Unidos como «el principal faro del mundo libre» y anunciando su intención de hacerle entrega de la Medalla Internacional, para la que habrá que construir otra vitrina en el despacho oval, junto con la del Nobel de la Paz.

Nadie quiere ser señalado por los matones del barrio, es preferible pasar desapercibido y que no se fijen en uno. Pero hay todavía una manera mejor de sobrevivir, y consiste en colocarse al lado del más fuerte. Además, si se juegan bien las cartas, también se puede sacar tajada. A los demás les puede producir bochorno, pero conviene disimular los aspavientos si uno no quiere verse señalado. Sumisión y acatamiento de las consignas del líder son el primer paso imprescindible para sobrevivir, pero si quieres algo más, mejor pagar a lo grande y ensalzar las consignas del jefe, corear sus soflamas y patear a los que no se inclinen a su paso. Y si alguien se atreve a no bajar la cabeza, a enarbolar otra bandera o a patrocinar otro modelo, ya sea de convivencia, de comportamiento o de discurso, aunque sea disfrazándose de gato, entonces no hay que tener piedad. Para que cunda el ejemplo y todo el mundo sepa a que atenerse. La insolencia se va a pagar muy cara en el futuro, pero la única respuesta digna a las amenazas de ese atajo de rufianes y también a esa mayoría sumisa es, precisamente, la de los insolentes, los cambiapieles, la de aquellos que se atreven a cantar en otra lengua, a mirar lejos, a atisbar el futuro desde las alturas, de los que se niegan a arrastrarse a los pies de los iracundos y de los maltratadores.