¡Qué
decepción! Cuatro años esperando para ver el debut de la selección española de
fútbol en un nuevo mundial y no hemos sido capaces de marcarle un gol a Cabo
Verde. Si señores, han oído bien, no a Uruguay, Suiza o Nigeria, sino a Cabo
Verde, la selección que ocupa el puesto número 67 en el ranking de la FIFA. La
cenicienta del campeonato, junto a Curazao, que ha tenido la decencia de
dejarse aplastar por Alemania por 7 a 1.
Pero
no todo son malas noticias, a Alemania le metieron un gol, mientras nosotros
hemos conseguido mantener la portería a cero. Así que veremos quién ríe el
último, si Curazao o Cabo Verde.
Además,
es que estos equipos se cierran atrás, con dos líneas de defensores separadas
por medio metro, en lugar de jugar al ataque y dejarse masacrar por equipos
como el nuestro. Y nos obligan a tocar y tocar hasta completar 6.500 pases con
un noventa y nueve por ciento de acierto y una posesión cercana al doscientos
por cien, mientras ellos se limitan a contemplar nuestra abrumadora
superioridad. Si el partido llega a durar diez minutos más, seguro que alguno
de los nueve defensas se queda dormido y podemos meter un balón en el área. O,
a lo mejor, se duerme el portero y, entonces, ganamos, no siete a uno, sino
diecisiete a cero.
Ahora
en serio, no entiendo a esa nutrida legión de periodistas y comentaristas
indignadísimos, poniendo a caer de un burro al seleccionador, a los jugadores
titulares, a los suplentes y hasta a la madre que parió al masajista. Cómo si
esto fuera la primera vez que nos pasa. ¿Soy yo el único que ha visto un
descalabro mundialista de nuestra selección? A veces los equipos están en
estado de gracia y, otras veces, te tiras noventa minutos esperando que pase
algo. Lo malo es que, a veces, lo que termina pasando te pasa a ti. No quiero
ni pensar en la posibilidad de que Cabo Verde hubiese marcado un gol, cosa que
podría haber sucedido con el partido a punto de terminar. Seguramente, a estas
horas el pellejo de Luis de la Fuente colgaría de un hasta ondeando al viento
junto a la enseña nacional.
Yo
creo que la culpa la tienen los descansos de refrigeración. Para una ventaja
que teníamos los países meridionales y ahora hay que parar para que los
nórdicos beban agua y no se deshidraten. Claro que prescindir de ellos con
Arabia Saudí nos iba a servir de poco, que esa gente está acostumbrada a las
altas temperaturas y seguro que pone nueve defensas delante de la portería y
deja que corramos nosotros de izquierda a derecha hasta que nos dé un golpe de
calor.
¿Cuándo
aprenderemos que lo importante es participar, competir y hacer disfrutar a los
aficionados?, que se lo merecen todo. Y estoy seguro de que muchos el otro día
disfrutaron de lo lindo, como todos esos que sólo tienen espacio en su corazón
para un equipo y estaban muy cabreados porque en la selección no había ninguno
de los jugadores de su equipo del alma. O los que están deseando que eliminen a
una selección española plagada de gente que no representa los valores patrios,
con apellidos foráneos y con un seleccionador que se pasa por el forro eso de
la prioridad nacional.
Claro
que no sé si no es peor ver a la comunidad caboverdiana dando saltos por las
calles de Burela, en lugar de celebrar el empate en la intimidad de sus pisos
patera y abstenerse de celebrar que su modesta selección nacional haya dejado
en ridículo al país que les da de comer.
Qué le vamos a hacer. A lo mejor este es nuestro sino: no ser capaces de demostrar que somos mejores que los que han llegado a competir con nosotros en inferioridad de condiciones y dejarnos avasallar por los que, tradicionalmente, nos han mirado por encima del hombro.