Es
preferible que lo tachen a uno de corrupto, de autócrata, de vendepatrias, que
hacer el ridículo. De lo primero puede uno recuperarse, a base de tesón y/o
propaganda, pero lo segundo te acompañará de por vida, te convierte en un meme
que se propagará eternamente por las redes sociales, hace de ti un payaso del
que, propios y extraños, se reirán durante generaciones y, con un poco de
suerte, generará un latiguillo llamado a repetirse por los siglos de los
siglos, del tipo "marcarse un Clavijo, un Ayuso o un Pérez".
Y
es que no puede uno irse de visita a un narcoestado y pretender que su vida no
corra peligro. Porque, si un narcoestado es un país donde las organizaciones
ilegales que producen, transportan o venden drogas controlan las instituciones
legítimas mediante la fuerza, el soborno o el chantaje, la vida de cualquiera,
ya no sólo la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, estaría en peligro en
cuanto bajase por la escalerilla del avión.
Y,
claro, al final no te queda más remedio que denunciar el "abandono de un
representante del Estado, como es un presidente autonómico, a su suerte, en un
país sumido en la violencia”, donde le “podría haber ocurrido cualquier cosa,
en cualquier sitio”.
Es
como si yo me voy mañana a la Riviera Maya, me sienta mal un mojito o un
tiburón me arranca de cuajo el dedo meñique de mi pie izquierdo, y me quejo
porque las autoridades españolas me han dejado a merced de un sistema sanitario
dominado por la premisa de la prioridad narconacional. Pues haberte quedado en
Isla Cristina, que lo peor que te puede pasar, en relación con el narcotráfico,
es que te atropelle una narcolancha.
Por
otro lado, lo del presidente de la Comunidad de Canarias merece un capítulo
aparte. Se declara una emergencia sanitaria a bordo de un crucero de lujo y la
Organización Mundial de la Salud pide ayuda a España, desplegando un
dispositivo sin precedentes para la evacuación del pasaje, que se lleva a cabo
en cuestión de horas. Pero, en el impás, el presidente autonómico hace saltar
todas las alarmas, se niega a que el crucero fondeé en las costas de Canarias
ante el riesgo evidente de que las islas sean invadidas por un ejército de
roedores capaces de propagar con sus heces el virus entre los humanos canarios
y, para reforzar su discurso, envía a la Ministra de Sanidad un pantallazo de
una búsqueda realizada con ayuda de un asistente de inteligencia artificial en
el que aparece subrayada una frase lapidaria “Las ratas son excelentes
nadadoras”.
Los
técnicos del ministerio contestan elaborando un informe que señala que el
reservorio natural del virus de los Andes no son las ratas, sino el ratón
colilargo patagónico, que no nada. Pero, aun así, Clavijo anunció que él no
autorizaría el fondeo. Y, con el operativo de evacuación prácticamente
concluido, todavía se remite a una circular del Ministerio del Interior que
reconoce que el hantavirus se transmite por la saliva, orina o heces de
"roedores" y que, aunque dice que no es esperable que este roedor en
particular pudiera colonizar nuestro territorio, ojo, "no lo descarta”.
Lo
que no ha aclarado el presidente canario es qué alternativa se le ocurre al
fondeo en aguas del archipiélago, como no sea dejar al MV Hondius a la
deriva en alta mar hasta que el pasaje y la tripulación al completo pasen la
cuarentena sin síntomas o, alternativamente, mueran víctimas de una
insuficiencia respiratoria y/o una diarrea hemorrágica y, entonces, enviarlos
al fondo del mar con un torpedo bien dirigido a la línea de flotación, eso sí,
después de haber desratizado la embarcación.
Y
el tercer presidente en liza para conquistar el primer puesto del ranking de la
ridiculez es, como no podía ser de otra manera, el ínclito presidente del Real
Madrid, el club más laureado de la historia, bajo cuya presidencia se han
ganado siete Champions y siete Ligas, pero, como el propio presidente ha
matizado, tendría que haber ganado 14, aunque las otras siete se las habrían
robado.
Pero
no fue este su único alarde en el transcurso de una rueda de prensa convocada
por sorpresa al final de una temporada que se salda con otro título liguero
presuntamente birlado con malas artes y una eliminación prematura del resto de
competiciones en las que el club ha participado.
También
presumió de que su empresa es líder mundial en infraestructuras y tiene 170.000
empleados y factura 50.000 millones al año y de gozar, a sus 79 años, de una
salud de hierro que le permitirá perpetuarse al frente de ese club de fútbol
por toda la eternidad y ganar otras siete Champions y otros catorce títulos de
liga.
Además,
está en condiciones de avalar su candidatura con su patrimonio personal, sin
pedirle a nadie que lo financie (¿qué serán para Florentino 187 millones de
euros? Pues eso, calderilla). Y, si alguien quiere disputarle las elecciones,
adelante, que él le estará esperando con los brazos y la chequera abiertos,
pero que no pida más tiempo para presentar una candidatura alternativa, vaya a
ser que dé la sorpresa y termine desbancando al mejor presidente de la historia
del Real Madrid.
Y
todavía tuvo tiempo de afear el comportamiento de los malos (periodistas) que
se dedican a criticar el club que preside porque son todos unos
“antimadridistas desde pequeñitos”. No como los futbolistas de la plantilla que
son unos “chavales fenomenales y muy buenos” que de vez en cuando se pelean,
pero como “lo han hecho todas las temporadas” (¿?) “como se pelean los
jóvenes”, “se dan una patada… se la devuelven”, pero eso no significa que la
situación del club sea caótica ni que la violencia se haya instalado en el
vestuario. No como lo ha hecho la violencia gratuita que los medios practican a
diario con el Real Madrid.
Y
es que "el Madrid es lo más grande que hay en el mundo", así que,
para abandonarlo, no dudó en afirmar: “Me tendrán que echar a tiros”. Pues no
sé, presidente, pero, por si acaso, no vaya a viajar este verano para ver el
campeonato del mundo, que el Mundial de este año se disputará también en
México, y ya se sabe que es un país “sumido en la violencia”, tal como la
presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid ha tenido ocasión de experimentar
en sus propias carnes.
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