Me
he enterado de que el director de la Oficina de Respuesta y Recuperación de la
Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA), un tal
Gregg Phillips, afirma que, al menos en dos ocasiones, habría experimentado un
fenómeno de teletransportación, siendo trasladado instantáneamente decenas de
kilómetros, sin que pudiera explicar cómo había sido llevado a su nuevo
emplazamiento.
La
primera vez, estaba hablando por teléfono cuando, de repente, apareció en una
zanja junto a una iglesia bautista en un pequeño pueblo, a unos 65 kilómetros
de donde se había iniciado la conversación telefónica.
Y,
en su segundo viaje, se encontraba charlando tranquilamente con unos amigos,
cuando comentó su intención de visitar un establecimiento de comida rápida. Y,
en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba en un restaurante de Georgia, a
unos 80 kilómetros de distancia.
Pero,
por lo visto, la experiencia no le resultó nada agradable. Y es que Dios le da
superpoderes a quien no sabe apreciar su utilidad.
Ya
me gustaría a mí que, expresando en voz alta mi deseo de comer en un
restaurante, alguien tuviera la gentileza de depositarme cuidadosamente en una
mesa perfectamente dispuesta para la ocasión, sin tener que reservar ni hacer
cola en la puerta para conseguir que me atiendan. Y, encima, en otra ciudad,
sin preocuparme del desplazamiento ni perder un minuto en planificar el viaje.
Es lo más parecido que he visto en mi vida al bolsillo de Doraemon.
No
obstante, parece que al señor Phillips esta posibilidad de viajar en el espacio
a velocidad sideral no le hace ninguna gracia. Será porque no puede llevarse
con él a sus amigos, que sin duda pensaran que prefiere irse de viaje a comer
solo por ahí antes que pagar otra ronda. Y seguro que, si, en aquella otra
ocasión, estaba hablado con su mujer por teléfono, le costó mucho trabajo
convencerla de que no sabía a qué hora iba a volver a casa porque se había
caído en una zanja en un pueblo a 65 kilómetros de su lugar de residencia.
Me
imagino la respuesta de su mujer: ¿Qué dices Gregorio? ¿No te habrás
teletransportado otra vez? ¿Al lado de una iglesia? Y yo voy y me lo creo,
seguro que estás en un restaurante dándote un banquetazo con tus amigotes,
bueno, o sin ellos, que siempre se me olvida que solo tú puedas
teletransportarte. Y ¿dónde está esa iglesia? si puede saberse. ¿En Wichita?
Ya. Llevó meses diciéndote que quiero visitar a mí tía de Kansas. Y ahora vas y
te teletransportas tú sólo. Pues quiero que vayas a ver a mi tía Dorothy y le
des muchos recuerdos de mi parte, que ella también podía teletransportarte por
los aires, pero con ayuda de un tornado. Y de paso saludas al hombre de
hojalata, que hace mucho que no lo veo.
Recuerdo
un episodio de Frasier en el que este y su hermano Niles deciden hacer campaña
a favor de un candidato progresista al Congreso. Y cómo el doctor Krane
descubre que este cree haber sido abducido por una nave extraterrestre,
revelando accidentalmente esta información a los medios de comunicación, lo que
termina arruinando su candidatura.
Sin
embargo, Gregg Phillips ha sido designado por Donald Trump como encargado de
coordinar a los equipos que dan respuesta en situaciones de emergencia en
Estados Unidos. Así que me imagino a su equipo de trabajo estudiando la manera
de teletransportar a las víctimas al hospital más cercano mientras el mundo se
desmorona a su alrededor y animándoles a que traten de visualizar un quirófano
mientras alguien trata al mismo tiempo de hacerles un torniquete para evitar
que mueran desangrados.
Y
supongo que ahora los astronautas del Artemis III, además de pasar horas en un
centrifugador de entrenamiento, también aprovechan, mientras dan vueltas y más
vueltas, para cerrar los ojos y apretar los párpados con fuerza pensando en la
cara oculta de la Luna, ahora que saben que aspecto tiene. Y es que nos podemos
ahorrar un dineral si conseguimos que los viajes espaciales se hagan en un
abrir y cerrar de ojos. Y con un mínimo riesgo, como quien se plantea irse a
comer a un McDonald's Trump, en el Mar de la Tranquilidad, y ¡alehop!, aterriza
en Marte, en ese o en cualquier otro establecimiento de comida rápida que vaya
a abrir Elon Musk en el Planeta Rojo.
Y
hasta que se abran los primeros restaurantes, pues podemos ir explorando zanjas
y cráteres por todo el Sistema Solar y eso que vamos adelantado.
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