domingo, 3 de mayo de 2026

Teletransportación

 

Me he enterado de que el director de la Oficina de Respuesta y Recuperación de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA), un tal Gregg Phillips, afirma que, al menos en dos ocasiones, habría experimentado un fenómeno de teletransportación, siendo trasladado instantáneamente decenas de kilómetros, sin que pudiera explicar cómo había sido llevado a su nuevo emplazamiento.

La primera vez, estaba hablando por teléfono cuando, de repente, apareció en una zanja junto a una iglesia bautista en un pequeño pueblo, a unos 65 kilómetros de donde se había iniciado la conversación telefónica.

Y, en su segundo viaje, se encontraba charlando tranquilamente con unos amigos, cuando comentó su intención de visitar un establecimiento de comida rápida. Y, en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba en un restaurante de Georgia, a unos 80 kilómetros de distancia.

Pero, por lo visto, la experiencia no le resultó nada agradable. Y es que Dios le da superpoderes a quien no sabe apreciar su utilidad.

Ya me gustaría a mí que, expresando en voz alta mi deseo de comer en un restaurante, alguien tuviera la gentileza de depositarme cuidadosamente en una mesa perfectamente dispuesta para la ocasión, sin tener que reservar ni hacer cola en la puerta para conseguir que me atiendan. Y, encima, en otra ciudad, sin preocuparme del desplazamiento ni perder un minuto en planificar el viaje. Es lo más parecido que he visto en mi vida al bolsillo de Doraemon.

No obstante, parece que al señor Phillips esta posibilidad de viajar en el espacio a velocidad sideral no le hace ninguna gracia. Será porque no puede llevarse con él a sus amigos, que sin duda pensaran que prefiere irse de viaje a comer solo por ahí antes que pagar otra ronda. Y seguro que, si, en aquella otra ocasión, estaba hablado con su mujer por teléfono, le costó mucho trabajo convencerla de que no sabía a qué hora iba a volver a casa porque se había caído en una zanja en un pueblo a 65 kilómetros de su lugar de residencia.

Me imagino la respuesta de su mujer: ¿Qué dices Gregorio? ¿No te habrás teletransportado otra vez? ¿Al lado de una iglesia? Y yo voy y me lo creo, seguro que estás en un restaurante dándote un banquetazo con tus amigotes, bueno, o sin ellos, que siempre se me olvida que solo tú puedas teletransportarte. Y ¿dónde está esa iglesia? si puede saberse. ¿En Wichita? Ya. Llevó meses diciéndote que quiero visitar a mí tía de Kansas. Y ahora vas y te teletransportas tú sólo. Pues quiero que vayas a ver a mi tía Dorothy y le des muchos recuerdos de mi parte, que ella también podía teletransportarte por los aires, pero con ayuda de un tornado. Y de paso saludas al hombre de hojalata, que hace mucho que no lo veo.

Recuerdo un episodio de Frasier en el que este y su hermano Niles deciden hacer campaña a favor de un candidato progresista al Congreso. Y cómo el doctor Krane descubre que este cree haber sido abducido por una nave extraterrestre, revelando accidentalmente esta información a los medios de comunicación, lo que termina arruinando su candidatura.

Sin embargo, Gregg Phillips ha sido designado por Donald Trump como encargado de coordinar a los equipos que dan respuesta en situaciones de emergencia en Estados Unidos. Así que me imagino a su equipo de trabajo estudiando la manera de teletransportar a las víctimas al hospital más cercano mientras el mundo se desmorona a su alrededor y animándoles a que traten de visualizar un quirófano mientras alguien trata al mismo tiempo de hacerles un torniquete para evitar que mueran desangrados.

Y supongo que ahora los astronautas del Artemis III, además de pasar horas en un centrifugador de entrenamiento, también aprovechan, mientras dan vueltas y más vueltas, para cerrar los ojos y apretar los párpados con fuerza pensando en la cara oculta de la Luna, ahora que saben que aspecto tiene. Y es que nos podemos ahorrar un dineral si conseguimos que los viajes espaciales se hagan en un abrir y cerrar de ojos. Y con un mínimo riesgo, como quien se plantea irse a comer a un McDonald's Trump, en el Mar de la Tranquilidad, y ¡alehop!, aterriza en Marte, en ese o en cualquier otro establecimiento de comida rápida que vaya a abrir Elon Musk en el Planeta Rojo.

Y hasta que se abran los primeros restaurantes, pues podemos ir explorando zanjas y cráteres por todo el Sistema Solar y eso que vamos adelantado.

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