domingo, 5 de julio de 2026

Deposición accidental

 

Desde hace semanas, las aguas del estanque reflectante del monumento a Lincoln, llamado a ser el escenario emblemático del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, tienen una coloración impropia de tan extraordinaria celebración, causada por la proliferación de algas y microorganismos indeseables que van a impedir que luzca en todo su esplendor. Y todo ello después de haber invertido 14,2 millones de dólares en una obra que pasará a los anales como un ejemplo más de las chapuzas protagonizadas por la administración Trump.

Pero que nadie piense que las cosas se van a quedar así, porque la fiscal del distrito de Columbia y expresentadora de televisión, Jeanine Pirro, está decidida a dar un escarmiento al responsable de la vandalización de tan emblemático espacio público y ya tiene en el punto de mira al gamberro autor de tal felonía.

Se trata de un sexagenario al que los Empleados del Servicio de Parques Nacionales sorprendieron con las manos metidas en el agua del estanque toqueteando el revestimiento inferior del fondo de la piscina, que había llegado a las inmediaciones del monumento a Lincoln en una bicicleta, para pasar inadvertido y, después, poder darse a la fuga sin despertar sospechas.

Además, examinando sus antecedentes, la policía ha podido saber que se trata de un expiragüista olímpico que, muy probablemente, estaba resentido con las autoridades por no dejarle introducir su piragua en el estanque, que en su parte más profunda alcanza los 76 centímetros de profundidad, para seguir ejercitándose en su disciplina.

La verdad es que nadie está libre de este tipo de comportamiento incívico. Ayer, sin ir más lejos, la administración de fincas de mi comunidad me envió un correo electrónico en el que se informaba de que la piscina había sido clausurada a causa de una "deposición accidental" y de que, tan pronto como desapareciese el riesgo para los bañistas, y la empresa mantenedora de la misma lo considerara oportuno, se abriría nuevamente al público 

Y, ¿ya está? Pues lo siento, pero yo no creo que podamos limitarnos a cerrar la piscina y poner a funcionar la depuradora a todo trapo. Hay que depurar también responsabilidades. Porque, qué es una deposición accidental, si puede saberse. Nadie depone accidentalmente, salvo que tenga gastroenteritis. Y, en ese caso, el sentido común y la prudencia más elemental aconseja abstenerse de acudir a un baño público. Y lo de los niños pequeños ya me lo sé. Qué lo del cagoncete será un accidente, no digo yo que no. Pero se trata de un accidente que podría haberse evitado. Y, en este caso, el servicio de prevención no ha funcionado adecuadamente. Así que los papis de la criatura deberían asumir su responsabilidad. Y si sobre la espalda encorvada de ese señor de 67 años la fiscal del distrito de Columbia va a hacer caer todo el peso de la ley, imputándole un delito de destrucción de propiedad por valor superior a 1.000 dólares, no sé por qué no va a tomar cartas en el asunto de mi comunidad el ministerio fiscal por un delito contra la salud pública

Que, bien pensado, lo mío es mucho más grave, salvo que el presidente de Estados Unidos tuviera planeado darse un baño en la piscina reflectante y ese anciano en lugar de limitarse a meter las manazas en el agua, hubiera llevado a cabo una deposición accidental, lo que, como mínimo, podría calificarse como un crimen de lesa majestad.

Y es que el mundo está lleno de expiragüistas, expresentadoras de televisión y expresidentes con ganas de notoriedad, sobre todo si alguien les da la oportunidad de reconvertirse a ciclistas, fiscales de distrito o de volver a ser presidentes de su país. Por eso no hay que darle a nadie segundas oportunidades después de fracasar la primera vez en su tentativa de lo que sea que hayan querido hacer en su vida pasada, ya sea conseguir una medalla olímpica, ascender hasta lo más alto en los paneles de audiencia o defecar sobre los derechos de la ciudadanía.

Y por eso espero que la justicia cumpla con su cometido y este activista no pueda volver a acercarse a una piscina pública en lo que le queda de vida, después de limpiar de algas los 25 millones y medio de litros de agua del estanque presidencial, ya que le gusta tanto meter sus manos artríticas en el líquido elemento. Aunque también podría ayudarse del remo de la piragua, si se compromete a dejar en paz el revestimiento del estanque. 

Y en cuanto a los autores, directos o indirectos, de la deposición accidental en la piscina de mi comunidad, sin perjuicio de las responsabilidades penales en que hayan podido incurrir, propongo que se les prohíba bañarse en playas y espacios públicos en general hasta que remita la ola de calor (o sea en hasta noviembre) salvo que España gane el Mundial, en cuyo caso, se les podría conceder un indulto parcial en lo que se refiere a las fuentes de la ciudad, que tampoco hay que ser tan estricto y el interés general no deja de ser el interés general.

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